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Una nueva clase de activo descentralizado: “digital commodities”

Opinión personal, no constituye asesoramiento financiero ni recomendación de inversión

A la hora de gestionar una cartera de activos, uno de los objetivos más habituales suele ser lograr diversificación para mitigar la volatilidad y el riesgo de la cartera. En momentos de mercado como los actuales (noviembre de 2026), cuando índices bursátiles como el Nasdaq o el Nikkei registran caídas superiores al 5% en intervalos de pocas horas, se hace especialmente necesario diversificar la cartera para cubrirse ante la volatilidad de los mercados.

Riesgo inherente en todo activo financiero

Sin embargo, no existe el activo libre de riesgo. Todo aquello que se puede poseer lleva aparejado un cierto riesgo, bien sea de mercado (oscilaciones de precios), de crédito (incumplimiento de las obligaciones de un emisor), de custodia (pérdida o indisponibilidad del activo) o de contraparte. A menudo, el riesgo inherente a la titularidad de un activo depende de un tercero. Así lo ilustra, desde una perspectiva jurídica, el Howey Test, un criterio establecido en Estados Unidos para determinar qué constituye un contrato de inversión y, por tanto, puede quedar sujeto a la legislación de valores. Para ello, se analizan cuatro elementos:

  • Se realiza una inversión de dinero.

  • En una empresa común entre los partícipes.

  • Existe una expectativa de obtener un beneficio.

  • Dicho beneficio deriva de los esfuerzos empresariales o directivos de terceros.

Este último punto, “siendo el beneficio resultado del esfuerzo de otros”, es a menudo el más determinante a la hora de definir qué constituye un contrato de inversión. Aunque el Howey Test no determina directamente el riesgo de contraparte de un activo, sí permite ilustrar la importancia que tienen los esfuerzos de terceros en determinadas inversiones.

En última instancia, gran parte de los activos financieros tradicionales dependen de un emisor, de un intermediario o de un tercero que asume determinadas obligaciones. En líneas generales:

Las divisas fiduciarias dependen de la credibilidad de los bancos centrales, de las instituciones y Estados que las emiten.

  • Los bonos representan derechos de crédito frente a empresas o Estados.

  • Las acciones representan una participación en el capital de las empresas.

  • La inversión en materias primas puede introducir riesgos adicionales de custodia e intermediación, dependiendo de cómo se instrumente la inversión (fondos, ETCs, derivados) y de quién conserve los activos.

  • Incluso las divisas más fuertes, como el dólar, dependen de decisiones y esfuerzos de terceros. No son considerados valores, pero también están sujetos a volatilidad y a cambios en su poder adquisitivo.

Continuamente escucho: «pero nada respalda a Bitcoin y a los criptoactivos». La frase es totalmente cierta, pero ¿se está enfocando de la manera adecuada?

Bitcoin y la eliminación de intermediarios

Bitcoin surge en 2008 como una nueva forma de dinero electrónico, un sistema de pagos entre pares (peer-to-peer electronic cash system) sobre los raíles de la tecnología blockchain. Su premisa fundamental fue, en todo momento, no estar respaldado por ningún emisor y evitar cualquier dependencia de una autoridad central. Por eso hablamos de tecnología de registro distribuido (distributed ledger technology): busca descentralizar el registro de propiedad y evitar un único punto de fallo (single point of failure).

El Gobierno de Estados Unidos mantiene un déficit presupuestario cercano a los $2T en el ejercicio fiscal 2026, alrededor de un 6% de su PIB.

Lo mismo ocurre en Reino Unido, Alemania, Japón y China. Déficits fiscales de gobiernos que gastan más de lo que recaudan. ¿Uno de los posibles perjudicados? Su divisa, especialmente cuando los déficits comprometen la sostenibilidad de la deuda pública y la confianza en las instituciones.

En 2022, Estados Unidos, junto con la Unión Europea y otros aliados occidentales, decidió congelar parte de las reservas internacionales de Rusia y restringir el acceso de determinados bancos rusos a SWIFT. Para aislar económicamente a Rusia, el bloque occidental utilizó su posición en el sistema financiero internacional como herramienta de presión política. Si bien pudo redundar en beneficio del bloque occidental, puso de manifiesto la tesis central de este artículo:

Todos los activos, incluso las divisas, están expuestos a riesgos que dependen de un emisor, un intermediario, un Estado; en definitiva, dependencia en una entidad central.

Aquellos inversores escépticos y desconfiados de los mercados, aquellos que compran oro y materias primas, enfrentan el mismo problema si no mantienen la custodia directa de sus activos. ¿Dónde custodias los lingotes de oro? Depositas tu confianza en un tercero (custodio), o asumes tú el riesgo (y el coste) de almacenar físicamente el activo.

En todo momento existe algún tipo de riesgo centralizado en una única parte. Una empresa, un gobierno, un custodio o un intermediario pueden convertirse en un punto de dependencia.

Materias primas digitales como alternativa

Los criptoactivos introducen una alternativa: reducen la dependencia de intermediarios y eliminan la necesidad de confiar en una entidad central para mantener el registro de propiedad y validar las transacciones. Precisamente por ello, en 2026, la SEC y la CFTC de Estados Unidos establecieron un marco interpretativo que reconoce la categoría de las “materias primas digitales” (digital commodities), en la que encajan activos como BTC y ETH. Las características principales de estos activos son:

  • Descentralización: son activos que viven en registros distribuidos donde miles de participantes alcanzan un consenso sobre el estado de la red. No existe una única entidad o gobierno que controle su funcionamiento.

  • Sistema de incentivos: el valor de activos como ETH (criptoactivo nativo de Ethereum) deriva, entre otros factores, de su utilidad en la cadena como activo necesario para proteger la red. No está referenciado a ninguna divisa, oscila fruto de pura oferta y demanda en su ecosistema.

  • Resistencia a la censura: las cadenas públicas como Bitcoin, Ethereum o Solana permiten realizar transacciones sin necesitar autorización de una entidad central. Ningún Estado o empresa controla unilateralmente el funcionamiento de estas redes.

  • Carácter público, transparente y global: cualquier persona con una conexión a internet puede interactuar con estas redes blockchain en todo el mundo, transferir y almacenar valor las 24 horas del día, los 365 días del año.

En definitiva, el riesgo en este tipo de activos deja de depender necesariamente de una única parte. Nadie los respalda, pero al mismo tiempo no dependen de ninguna entidad central para mantener su existencia. No desaparece la confianza: cambia aquello en lo que tenemos que confiar.

Esto no quiere decir que el activo esté libre de riesgo. Simplemente, el riesgo pasa a ser principalmente tecnológico y de mercado: la seguridad del registro distribuido, el mecanismo de consenso, la criptografía y los incentivos económicos constituyen los últimos resortes del sistema. Sin una empresa o autoridad central que garantice su funcionamiento, el protocolo y los participantes de la red son los encargados de mantenerlo operativo.

La capitalización del mercado de criptoactivos asciende a aproximadamente $2,5T a fecha de noviembre de 2026. Si bien ha sufrido caídas superiores al 50% de su valor en numerosas ocasiones, ya son casi dos décadas desde el nacimiento de estas “digital commodities”. Nadie sustenta ni respalda el activo y, al mismo tiempo, su capitalización es 4 veces superior al de las empresas que componen el IBEX 35. Pura oferta y demanda de una clase de activo que, paulatinamente, empieza a hacerse un hueco en las carteras de grandes instituciones como resultado de su naturaleza independiente y neutral.

Materias primas digitales concebidas para un futuro descentralizado.

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