La adquisición de Golden Goose por HSG y la creciente dependencia de Europa del capital extranjero
En diciembre de 2025, Golden Goose incurrió en un cambio de propiedad al pasar de la firma británica de capital riesgo (o venture capital) Permira al grupo chino de capital riesgo y capital privado HongShan Capital Group, también conocido como HSG. Junto a HSG, Temasek, una empresa global de inversión con sede en Singapur, también participó en la operación como accionista minoritario. Permira mantiene una participación en la empresa, aunque ahora como accionista minoritario.
Golden Goose, fundada en el año 2000 en Venecia, es una marca italiana de moda de lujo especializada en calzado. La marca alcanzó reconocimiento internacional alrededor de 2007, tras el lanzamiento de su modelo más popular hasta la fecha, las Super-Star. El concepto que impulsó su éxito fue un calzado diseñado para presentar un aspecto desgastado desde el momento de la compra. En la actualidad, la empresa opera en 23 países y cuenta con 180 tiendas.
La marca de calzado de lujo ha registrado un crecimiento significativo en los últimos años, con unos ingresos netos de 517,1 millones de euros en los primeros nueve meses de 2025, lo que supone un aumento del 13 % en comparación con el mismo periodo de 2024. En 2020, Permira adquirió una participación mayoritaria en Golden Goose tras comprarla a The Carlyle Group, una multinacional estadounidense, por 1.300 millones de euros. Sin embargo, en la venta más reciente de la participación mayoritaria, HSG adquirió Golden Goose por 2.500 millones de euros, lo que representa casi una duplicación de su valor en apenas cinco años. Esta evolución refleja no solo la expansión de la empresa, sino también sus expectativas de crecimiento y la confianza de los inversores.
HSG es también accionista de Alibaba y Pop Mart, empresas cuyos modelos de negocio se basan en la escala y el consumo masivo. Esta última es conocida por ser la creadora de Labubu, un objeto de colección de diseño que ha alcanzado una amplia popularidad a nivel global. Este enfoque contrasta con el de las casas europeas de lujo como Golden Goose, cuyo valor se construye en torno a la escasez controlada. Esto plantea la cuestión de si la identidad de marca de Golden Goose puede preservarse adecuadamente a medida que continúa su expansión bajo una estructura de propiedad distinta. La exclusividad y la producción a gran escala responden a modelos fundamentalmente diferentes, una distinción que HSG debe tener en cuenta y gestionar cuidadosamente para evitar la dilución del posicionamiento de la marca.
Asimismo, otro desafío para Golden Goose derivado de la adquisición por parte de HSG es que, dentro del mercado del lujo, el valor es en gran medida intangible y depende en gran medida de la percepción de los consumidores. Golden Goose se ha posicionado históricamente como una marca italiana con una identidad claramente europea, lo que hace que la cuestión de la propiedad sea especialmente relevante en este contexto. La autenticidad se sitúa en el centro de los valores de Golden Goose, ya que, en lugar de centrarse en diseños altamente pulidos, la marca apuesta por una estética más informal y deliberadamente desgastada, que atrae a consumidores que valoran su singularidad y diferenciación.
Además, Asia constituye actualmente un mercado en crecimiento, y esta operación lo pone de manifiesto. Antes de la adquisición de Golden Goose por parte de HSG, siete de las once aperturas de tiendas realizadas por la marca en los primeros nueve meses de 2025 tuvieron lugar en Asia, lo que evidencia su estrategia de expansión en esta región. La adquisición estratégica de una marca europea por inversores asiáticos probablemente facilite una mayor integración de Golden Goose en este mercado, donde la demanda, especialmente en el sector del lujo, continúa aumentando. Además de Golden Goose, HongShan Capital Group ha incorporado en los últimos años otras empresas europeas a su cartera, entre ellas Amer Sports y Ami Paris. Ambas operan en el sector de la moda, con Ami Paris posicionada dentro del segmento del lujo, al igual que Golden Goose.
Esta operación forma parte de una tendencia más amplia que está generando preocupación en relación con la creciente dependencia de Europa del capital extranjero. Un fenómeno similar puede observarse en el sector financiero, donde en el mercado europeo de pagos con tarjeta los sistemas nacionales han sido progresivamente sustituidos por empresas extranjeras como Visa o Mastercard. Esta dinámica también se reproduce en otros sectores, como el tecnológico o el energético. En el ámbito tecnológico, Europa depende en gran medida de Estados Unidos y China para el suministro de microchips, software y de muchas de las aplicaciones más utilizadas por los usuarios europeos, como las plataformas de redes sociales. Durante décadas, Europa se ha posicionado como líder mundial en la industria de la moda, con importantes casas de lujo como Versace, Chanel o Loewe, entre muchas otras, con sede en el continente.
Los productos europeos representan el 74% del valor global del mercado de bienes personales de alta gama y suponen aproximadamente el 10% del total de las exportaciones de la Unión Europea. Mantener este sector resulta fundamental para el crecimiento económico europeo.
La relevancia económica de la industria de la moda va más allá del sector del lujo e incluye también la moda rápida, especialmente en España, donde se encuentran grupos como Inditex y su cartera de marcas globales, junto con otros actores relevantes como Mango. No obstante, el auge de empresas asiáticas de moda rápida como Shein, fundada en 2008, ha intensificado la competencia, ejerciendo presión sobre las empresas europeas para que se adapten si desean mantener su posición dominante en el mercado. De forma clara, las empresas asiáticas, y en particular las chinas, están presionando a Europa para que replantee sus dinámicas competitivas.
Esta operación también puede analizarse desde la perspectiva de la globalización, en un contexto en el que las economías y los mercados nacionales se encuentran cada vez más interconectados. Este fenómeno ha resultado positivo para los países menos desarrollados, que han podido beneficiarse de la interconexión impulsada por la globalización, pero ha sido perjudicial para las empresas consolidadas, que corren el riesgo de perder su posición dominante ante la entrada de nuevos competidores. Esto es especialmente relevante en el mercado de la moda, que se ve particularmente afectado por cadenas de suministro cada vez más globalizadas, al tiempo que el sector avanza hacia modelos de negocio digitales que permiten a los consumidores adquirir incluso productos de lujo con solo unos pocos clics.
Como resultado de esta transacción, Golden Goose se sitúa en la intersección de todas estas dinámicas. Incluso las marcas europeas fuertes y consolidadas no son inmunes al aumento de la competencia procedente de otros mercados. Escalar a nivel global preservando la identidad de marca constituye un reto para cualquier empresa, como ilustran compañías como McDonald’s o Starbucks, que adaptan sus productos a los mercados locales. Sin embargo, los sectores de la restauración y la moda presentan diferencias fundamentales. Para una marca como Golden Goose, cuyo valor se ha sustentado históricamente en su originalidad, la pérdida de su esencia podría resultar especialmente perjudicial. Esto plantea también la cuestión de cómo el control financiero puede entrar en tensión con la autonomía creativa. Aunque Golden Goose pueda continuar operando como lo hace actualmente, una expansión sostenida hacia nuevos mercados podría ejercer una presión creciente sobre la marca para adaptarse.
En definitiva, la adquisición de Golden Goose por parte de HSG no constituye un hecho aislado, sino que refleja una tendencia más amplia que se está desarrollando a escala global. A medida que los países se encuentran cada vez más interconectados, especialmente en la industria de la moda, muchas marcas se ven obligadas a replantear sus valores fundamentales y sus modelos de negocio para adaptarse a un entorno cada vez más globalizado. Este caso plantea cuestiones relevantes sobre si Europa está perdiendo su posición dominante en determinados mercados y si se está volviendo cada vez más dependiente de otros países, incluso en sectores en los que históricamente ha ocupado una posición de liderazgo.
In December 2025, Golden Goose underwent a change of ownership, moving from British venture capital firm Permira to Chinese venture capital and private equity group HongShan Capital Group, also known as HSG. Alongside HSG, Temasek, a Singapore-based global investment company, also participated in the transaction as a minority shareholder. Permira maintains a stake in the company, though now as a minority shareholder.
Golden Goose, founded in 2000 in Venice, is an Italian luxury fashion brand specializing in footwear. The brand achieved international recognition around 2007, following the launch of its most popular model to date, the Super-Star. The concept that drove its success was footwear designed to appear worn from the moment of purchase. Today, the company operates in 23 countries and has 180 stores.
The luxury footwear brand has recorded significant growth in recent years, with net revenues of €517.1 million in the first nine months of 2025, representing a 13% increase compared to the same period in 2024. In 2020, Permira acquired a majority stake in Golden Goose after purchasing it from The Carlyle Group, an American multinational, for €1.3 billion. However, in the most recent sale of its majority stake, HSG acquired Golden Goose for €2.5 billion, representing an almost doubling of its value in just five years. This evolution reflects not only the company's expansion, but also investor expectations for growth and confidence in the business.
HSG is also a shareholder in Alibaba and Pop Mart, companies whose business models are based on scale and mass consumption. The latter is known for being the creator of Labubu, a collectible design object that has achieved widespread global popularity. This approach contrasts with that of European luxury houses like Golden Goose, whose value is built around controlled scarcity. This raises the question of whether Golden Goose's brand identity can be properly preserved as it continues to expand under a different ownership structure. Exclusivity and large-scale production respond to fundamentally different models, a distinction that HSG must consider and manage carefully to avoid diluting the brand's market positioning.
Furthermore, another challenge for Golden Goose stemming from HSG's acquisition is that, within the luxury market, value is largely intangible and depends heavily on consumer perception. Golden Goose has historically positioned itself as an Italian brand with a clearly European identity, making the question of ownership especially relevant in this context. Authenticity is central to Golden Goose's values, as rather than focusing on highly polished designs, the brand advocates for a more informal and deliberately worn aesthetic that appeals to consumers who value its uniqueness and differentiation.
Additionally, Asia currently constitutes a growing market, and this transaction demonstrates this. Prior to Golden Goose's acquisition by HSG, seven of the eleven store openings carried out by the brand in the first nine months of 2025 took place in Asia, highlighting its expansion strategy in this region. The strategic acquisition of a European brand by Asian investors is likely to facilitate greater integration of Golden Goose into this market, where demand, especially in the luxury sector, continues to grow. In addition to Golden Goose, HongShan Capital Group has incorporated several other European companies into its portfolio in recent years, including Amer Sports and Ami Paris. Both operate in the fashion sector, with Ami Paris positioned within the luxury segment, like Golden Goose.
This transaction is part of a broader trend that is generating concern regarding Europe's growing dependence on foreign capital. A similar phenomenon can be observed in the financial sector, where in the European card payment market national systems have been progressively replaced by foreign companies such as Visa or Mastercard. This dynamic is also reproduced in other sectors, such as technology and energy. In the technology sector, Europe depends heavily on the United States and China for the supply of microchips, software, and many of the most widely used applications by European users, such as social media platforms. For decades, Europe has positioned itself as a global leader in the fashion industry, with major luxury houses such as Versace, Chanel or Loewe, among many others, based on the continent.
European products represent 74% of the global value of the high-end personal goods market and account for approximately 10% of total European Union exports. Maintaining this sector is fundamental for European economic growth.
The economic relevance of the fashion industry extends beyond the luxury sector and also includes fast fashion, particularly in Spain, where groups such as Inditex and its portfolio of global brands are located, along with other relevant players such as Mango. However, the rise of Asian fast fashion companies such as Shein, founded in 2008, has intensified competition, putting pressure on European companies to adapt if they wish to maintain their dominant market position. Clearly, Asian companies, and particularly Chinese ones, are pressuring Europe to reconsider its competitive dynamics.
This transaction can also be analyzed from the perspective of globalization, in a context where national economies and markets are becoming increasingly interconnected. This phenomenon has been positive for less developed countries, which have been able to benefit from the interconnection driven by globalization, but has been detrimental to established companies, which risk losing their dominant position to new competitors. This is especially relevant in the fashion market, which is particularly affected by increasingly globalized supply chains, while the sector is moving towards digital business models that allow consumers to purchase even luxury products with just a few clicks.
As a result of this transaction, Golden Goose finds itself at the intersection of all these dynamics. Even strong and established European brands are not immune to increased competition from other markets. Scaling globally while preserving brand identity is a challenge for any company, as illustrated by companies such as McDonald's or Starbucks, which adapt their products to local markets. However, the food service and fashion sectors present fundamental differences. For a brand like Golden Goose, whose value has historically been sustained by its originality, the loss of its essence could prove especially harmful. This also raises the question of how financial control can come into tension with creative autonomy. While Golden Goose may continue to operate as it currently does, sustained expansion into new markets could exert growing pressure on the brand to adapt.
Ultimately, the acquisition of Golden Goose by HSG is not an isolated event, but rather reflects a broader trend developing on a global scale. As countries become increasingly interconnected, especially in the fashion industry, many brands are forced to reconsider their fundamental values and business models to adapt to an increasingly globalized environment. This case raises relevant questions about whether Europe is losing its dominant position in certain markets and whether it is becoming increasingly dependent on other countries, even in sectors where it has historically held a leadership position.