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La nueva batalla del lujo no está en los bolsos, está en la joyería.

Si tuvieras que decidir hoy dónde poner tu dinero dentro del sector del lujo, ¿elegirías una marca de bolsos icónicos o una de joyas eternas? La bolsa ya tiene respuesta; Deutsche Bank acaba de subir a Richemont, la matriz de Cartier, a su lista de valores favoritos del sector, mientras deja a grupos con más peso en moda y marroquinería entre sus menos preferidos. No se trata de una simple opinión de un analista de tendencias, es una importante decisión de inversión, y detrás de ella, hay una cuenta de resultados muy concreta: el crecimiento, el margen y la confianza del mercado se han desplazado del bolso a la joyería. 

Confieso que llevo años deseando comprar tanto un Classic Flap negro de Chanel como una pulsera Love de Cartier. Pero tras revisar estos resultados me ha quedado claro que solo uno de estos dos representa la categoría que de verdad está ganando terreno en el sector. 

Empecemos con uno de los ejemplos más destacados en el sector durante los últimos meses. En el ejercicio fiscal cerrado a 31 de marzo de 2026, Richemont, la empresa matriz de Cartier, Van Cleef & Arpels, Buccellati y Vhernier, facturó 22.400 millones de euros, un 11% más a tipo de cambio constante, un buen resultado. Pero el verdadero titular estaba escondido un nivel más abajo: solo la división de joyería facturó 16.500 millones de euros, con un crecimiento del 14% y un margen operativo del 30,5%, que ya quisieran firmar la mayoría de sectores de la economía. Únicamente esta división representa el 74% de las ventas del grupo. Mientras tanto, la relojería especializada, de gran tradición suiza, apenas empezaba a levantar cabeza tras dos ejercicios flojos, con un pequeño 1%. Y por si alguien pensaba que esto se quedaba aquí, en el primer trimestre del nuevo ejercicio, entre abril y junio de 2026, Richemont aceleró hasta un 20% de crecimiento a tipo constante. Por ello, los analistas están expectantes viendo que Cartier y Van Cleef & Arpels están de nuevo al mando. 

Pero si quieres ver el contraste en primera fila, podemos fijarnos en LVMH, donde la joyería y los bolsos compiten literalmente por el mismo presupuesto de marketing. En el primer semestre de 2026, su división de relojería y joyería, Tiffany, Bulgari y TAG Heuer, creció un

9% en términos orgánicos, con Tiffany y Bulgari subiendo casi un 15%. Además, en el mismo informe trimestral, moda y marroquinería, el negocio de Louis Vuitton, Dior o Fendi, que durante décadas ha sido el núcleo de LVMH, cayó un 1% orgánico en el semestre. Podemos confirmar así que el bolso ha perdido terreno frente al collar, bajo el mismo techo corporativo y durante el mismo trimestre. 

Ahora centrémonos en lo realmente importante, la cifra que resume todo el fenómeno: relojería y joyería, con apenas el 13,5% de las ventas de LVMH, aportó en torno al 55% de todo el crecimiento orgánico. Moda y marroquinería, con el 47% de las ventas, generó el 71,3% del beneficio operativo recurrente. Y esa es exactamente la cifra que a mí me hizo cambiar de opinión. Para que nos quede claro, el bolso sigue pagando las facturas, pero ya no es quien trae las buenas noticias a la junta directiva. 

Esta situación no se trata de un caso aislado de una sola casa. El propio informe Bain-Altagamma, la referencia del sector, certifica que esto no es un capricho de dos o tres marcas: mientras el conjunto del lujo personal se recupera con un crecimiento previsto de entre el 2% y el 4% para este año, hasta situarse entre 365.000 y 373.000 millones de euros, la belleza, la joyería y la relojería son quienes sostienen ese avance, frente a un crecimiento bastante más débil de la piel y el calzado. 

¿Pero por qué ahora, precisamente, gana la joyería? Por un lado, el oro y las piedras preciosas cotizan como activo tangible, y con el precio del oro al alza, una pieza de alta joyería empieza a comportarse casi como un valor refugio. Por otro lado, el Bain-Altagamma dice que hoy en día el consumidor de lujo prioriza la permanencia y el simbolismo frente al ciclo de novedad que caracteriza a la moda estacional, justo cuando la mitad de los compradores de lujo ya consultan el mercado de segunda mano antes de comprar y las búsquedas de bolsos vintage se disparan. Y lo entiendo perfectamente, ya que nunca he mirado un bolso pensando en heredarlo en buenas condiciones, a excepción de un Birkin o Kelly de Hermes claro. Sin embargo, sí me imagino regalándole a mi hija una pulsera Love de Cartier dentro de treinta años, con la misma forma y el mismo brillo de antes. 

Para los inversores, el mensaje es casi un titular en sí mismo: apostar por la joyería dentro del sector del lujo ya no es diversificar por capricho, es apostar por donde está el crecimiento, aunque el bolso siga siendo por ahora quien sostiene el margen absoluto. Para quien compra, el mensaje llega en otro idioma, pero dice exactamente lo mismo: el bolso sigue siendo un símbolo en la moda, pero la joyería se ha convertido en algo más ambicioso, un símbolo de permanencia. Y en una industria acostumbrada a vender deseos de temporada, apostar por lo permanente puede acabar siendo la jugada más rentable.

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