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Imagen: elaboración propia mediante inteligencia artificial (OpenAI)

Entre la prudencia y la ambición: la paradoja del capital en la banca europea

El 11 de septiembre de 2026, las secciones de banca de los grandes periódicos económicos del país amanecían con el mismo titular:

Los 11 mayores bancos europeos reclaman a las instituciones europeas una moratoria en el incremento de los requerimientos de capital y más simplificación para impulsar el crecimiento y fortalecer nuestra economía.

Once bancos europeos reclaman reformas regulatorias

En una carta conjunta dirigida a António Costa, Ursula von der Leyen, Roberta Metsola y Christine Lagarde; los presidentes del Consejo Europeo, Comisión Europea, Parlamento y BCE respectivamente; los máximos directivos de los 11 grandes bancos europeos reclamaban reformas que permitieran aumentar la capacidad del sector para financiar la economía.

Ana Patricia Botín, presidenta ejecutiva del Banco Santander, hablando en un foro del World Economic Forum

Ana Patricia Botín, presidenta ejecutiva del Banco Santander. Fuente: World Economic Forum, Wikimedia Commons.

Estamos hablando de que los heavyweights de la banca europea (Santander, HSBC, UBS, Crédit Agricole, Société Générale, BNP Paribas, BPCE, ING, Deutsche Bank, Barclays y Standard Chartered) unían fuerzas para reclamar a Europa 2 objetivos principales.

En este contexto, el sector bancario solicitaba como primer paso la detención del incremento de capital, que podría derivarse del cumplimiento de los calendarios regulatorios ya establecidos, principalmente en materia referente a riesgo de crédito y mercado. Pero la cuestión de fondo va más allá: se plantea la necesidad de avanzar hacia un marco regulatorio que permita a los bancos acompañar con mayor flexibilidad las necesidades de financiación de la economía y asumir un papel más activo en la inversión que exige la transformación europea, cambiando la normativa hacia unos requerimientos de capital un poco más laxos.

Las entidades proponen que el nuevo capital que consigan, bien vía mercados o bien vía generación propia, pueda utilizarse para realizar nuevas operaciones y financiar nueva actividad y no destinarlo, al menos en parte, a seguir reforzando operaciones o activos que ya se encuentran en sus balances. Esto no es nuevo en el sector, pero sí es verdad que han sido capaces de introducir un motivo lo suficientemente importante como para hacer dudar a los reguladores europeos: Europa necesita un crecimiento que solo los bancos pueden ser capaces de financiar.

La paradoja del capital y el crédito

El mensaje tiene importancia por el momento en que se plantea, pues la Comisión Europea ha señalado que las entidades son esenciales para financiar a las empresas, especialmente a las pymes, y ha identificado la falta de escala y la fragmentación del mercado europeo como obstáculos para su competitividad.

En la carta hay una frase especialmente significativa: «Hay que cuestionar la cultura profundamente arraigada de la aversión instintiva al riesgo a toda costa». Una frase que, llevada al terreno bancario, podría traducirse en una pregunta bastante más prosaica: ¿De qué sirve acumular capital indefinidamente si, llegado el momento de financiar el crecimiento, ese capital permanece inmóvil? ¿Hasta qué punto debe la banca seguir acumulando capital para cubrir los riesgos que asume y hasta qué punto ese capital debería utilizarse para financiar nuevas operaciones?

Quizás la banca esté consiguiendo que el regulador europeo empiece a mirar esta cuestión desde una perspectiva diferente en términos de rentabilidad y riesgo. O quizás no. Lo veremos. Pero el debate ya está sobre la mesa: Europa quiere que los bancos concedan más crédito para financiar su crecimiento, mientras que, al mismo tiempo, las nuevas exigencias regulatorias pueden obligarles a reservar más capital para concederlo.

La paradoja es cuando menos curiosa: queremos una banca tan bien pertrechada que nada pueda hacerle daño, pero al mismo tiempo necesitamos que abra el bolsillo para financiar una Europa que necesita invertir como nunca. El capital protege al banco, pero también determina cuánto crédito puede conceder. Y cuanto más capital se exige para cada nueva operación, menos operaciones pueden hacerse con el mismo volumen de recursos.

Competitividad europea y financiación de inversiones

En segundo lugar, hay que detenerse en el discurso de Ursula von der Leyen del pasado 16 de septiembre. En él, la presidenta de la Comisión Europea planteó la posibilidad de convertir a Canadá en el primer miembro asociado de la Unión Europea. No se trata, al menos de momento, de una adhesión en el sentido tradicional, sino de elevar la relación entre ambos socios a una nueva dimensión, con una mayor cooperación en ámbitos como la economía, defensa y seguridad militar, el suministro de minerales críticos, proyectos en el Ártico o tecnología e inteligencia artificial. Esta medida fue planteada como solución, junto a otras más, a la grave situación en que se encuentra Europa frente a Estados Unidos, buscando ganar peso frente a tensiones comerciales.

Ursula von der Leyen interviene desde la tribuna del Parlamento Europeo

Ursula von der Leyen. Fuente: Unión Europea, Wikimedia Commons.

En la agenda de la Unión Europea figura como uno de los objetivos principales construir una economía más competitiva al estar quedando rezagada principalmente frente a EEUU y China.

Para conseguirlo es necesario hacer fuertes inversiones que tienen que ser financiadas. Una parte importante de las mismas se podría atender solo con el superávit neto, principalmente reasignando mejor el dinero que los particulares mantienen en depósitos bancarios, cantidades significativamente muy altas si las comparamos con Estados Unidos. Esta cuestión no es sencilla, al final, quizás sea algo así como ser capaces de persuadir a los particulares para que decidan asumir más riesgos con sus ahorros, algo que tiene también una dimensión cultural en buena parte de Europa. Nos están pidiendo que invirtamos más en acciones y mantengamos menos capital en depósitos, y esto no es cosa menor, pues se busca que nos replanteemos todos el binomio rentabilidad-riesgo y, además, mirar al futuro sin tener tan presente el recuerdo de la crisis de 2008.

Gráfico del BCE: composición de la cartera financiera de los hogares en la zona euro y en Estados Unidos. Los depósitos pesan en torno a un tercio en la zona euro y algo más de una décima parte en Estados Unidos, donde las acciones cotizadas pesan mucho más

Fuente del gráfico: BCE. Fuente de los datos: HFCS (2021), SCF (2022) y Eurostat.

En el gráfico anterior, publicado por el BCE, podemos observar la diferencia cultural en la forma en que europeos y estadounidenses estructuran sus carteras. Mientras que alrededor del 30% de los activos financieros de los hogares europeos se mantiene en depósitos bancarios, los estadounidenses destinan apenas un 11% a depósitos, aumentando muchísimo su inversión respecto a los europeos en acciones cotizadas.

Otra línea complementaria a la anterior pasa por mejorar el mercado de capitales europeo y avanzar hacia un mercado de capitales único, para conseguir un mejor funcionamiento y que las inversiones en capital se hagan en empresas europeas y no norteamericanas. No será una tarea sencilla: competir con el mercado estadounidense exige mucho más que eliminar fronteras financieras. Basta con observar el comportamiento de sus índices: entre 2023 y 2025 la rentabilidad total acumulada del Standard & Poor’s 500 (S&P 500) fue de un 86% frente a un 51% del STOXX Europe 600. En estas condiciones, conseguir que el ahorrador europeo utilice parte de sus depósitos para invertir en acciones no consiste simplemente en pedirle que asuma más riesgo. También habrá que ofrecerle incentivos para hacerlo, con un mercado europeo más competitivo y capaz de generar oportunidades de inversión atractivas, frente a las alternativas que hoy encuentra fuera de Europa.

Y, por último, y quizás la medida más eficaz, al menos a corto plazo, relanzar el sistema financiero europeo. Aquí aparece el paquete bancario, que debe ser capaz de seguir respetando Basilea III y, a la vez, ayudar a que las entidades cuenten con capital suficiente para atender las inversiones que Europa necesita. Se buscaría conseguir un equilibrio entre seguridad y capacidad de financiación, pero me da la sensación de que, metafóricamente hablando, podríamos llegar a andar sobre la cuerda floja si seguimos exprimiendo la normativa bancaria. También deberíamos considerar que, si reducimos los depósitos, estaríamos restando potencia a lo que realmente mejor funciona, nuestro sistema financiero.

Recientemente, el 29 de septiembre se aprobó en el Consejo de Ministros el Real Decreto-ley 26/2026 y fue publicado en el BOE el 30 de septiembre. Este decreto incluía la introducción de la Cuenta de Ahorro e Inversión Financia Europa, impulsada por el ministro de Economía, Carlos Cuerpo. Si bien, al incluirse junto a otras medidas relativas a vivienda, ha sido rechazado en el Congreso de los Diputados y, por ahora, tendrá que esperar. Atendiendo a lo que nos interesa, esta cuenta de ahorro e inversión buscaba sacar una parte del ahorro de los depósitos de los españoles y dirigirlo hacia los mercados de capitales europeos, otorgando exenciones fiscales permanentes para aquellos inversores que mantengan su dinero durante 5 años o más (máximo 150.000 euros) en acciones europeas y fondos o ETFs con al menos un 70% de su cartera en la región. También existirían ventajas tributarias en las plusvalías al vender, si bien, las ganancias en dividendos tributarían como usualmente.

Retrato de Carlos Cuerpo, ministro de Economía, con gafas y corbata, sobre fondo gris

Carlos Cuerpo. Fuente: Ministerio de la Presidencia, Gobierno de España, Wikimedia Commons.

Oportunidades para la banca de inversión

Si Europa es capaz de avanzar en todo esto que se está planteando, podrían venir buenos tiempos para la banca de inversión y corporativa, pues, aunque no existe correlación exacta entre buenos tiempos económicos y aumento del negocio, ceteris paribus aparecerían muchas operaciones y oportunidades nuevas. Un mercado de capitales más profundo y una Cuenta de Ahorro e Inversión como la de Carlos Cuerpo, que canaliza ahorros hacia acciones europeas, favorecerían las IPO, las ampliaciones de capital y las emisiones de deuda. Si además se consigue la integración del mercado de capitales, a priori aumentarían las operaciones de M&A.

Por otro lado, la clave está en la carta de los 11 grandes bancos. Una moratoria o una flexibilización de los requerimientos de capital liberaría balance para financiar grandes proyectos de transformación y proyectos de inversión conjunta con socios como Canadá. Esto se traduciría en un aumento de operaciones en préstamos sindicados, del negocio del Project & Structured Finance y, por supuesto, del asesoramiento.

Aun así, conviene ser prudente. Un relajamiento excesivo del capital tendría un coste evidente en términos de estabilidad en una economía muy influenciada por los diversos problemas geopolíticos que acontecen en la actualidad. En cualquier caso, la banca de inversión y corporativa es hoy la mejor posicionada para beneficiarse si Europa decide financiar su crecimiento con más mercado y menos depósito.

Entre la prudencia y la ambición, Europa ya mueve sus fichas. La partida ha comenzado y habrá que seguir de cerca cada movimiento.

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