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¿Quién es el verdadero ganador de una adquisición?

Cuando una empresa adquiere otra, espera que la combinación de ambas genere más valor que si continuaran por separado. La operación puede abrirle nuevos mercados, incorporar tecnología, aprovechar economías de escala o reducir costes. Si los negocios encajan, la compradora puede conseguir una ventaja corporativa y reforzar su posición competitiva.

Crear valor versus capturar valor

Ahora bien, ¿Cuánto de ese valor termina en manos de los accionistas de la compradora? Para responder hay que distinguir dos conceptos: crear valor y capturar valor.

Crear valor consiste en aumentar el valor conjunto de los negocios gracias a las sinergias, una vez descontados los costes necesarios para conseguirlas. Capturar valor significa conservar parte de esa mejora para los propios accionistas después de pagar la adquisición. Una compra puede aportar ventajas económicas reales y dejar, aun así, una rentabilidad insuficiente al comprador.

La prima de adquisición y sus límites

La prima de adquisición es decisiva en ese reparto. Para convencer a los propietarios de una empresa de que vendan, el comprador suele ofrecer un precio superior a la cotización previa. McKinsey & Company (2017) señala que las primas medias por el control de una compañía han rondado el 30% de su cotización anterior al anuncio. La consultora lo ilustra con un ejemplo: si una empresa vale 1.000 millones de dólares y se compra por 1.300 millones, de unas mejoras valoradas en 400 millones, 300 quedan para los vendedores a través de la prima y solo 100 para el comprador (McKinsey & Company, 2010). El ejemplo supone que la cotización inicial refleja el valor independiente de la empresa.

La evidencia empírica refleja esa dificultad. McKinsey & Company (2010) señala que, según gran parte de la investigación, aproximadamente la mitad de las empresas compradoras crea valor para sus propios accionistas. Christensen et al. (2011) recogieron tasas de fracaso de entre el 70% y el 90%, aunque ese intervalo reúne distintas formas de medir el éxito de una adquisición y no representa una tasa uniforme de pérdidas bursátiles.

Los problemas pueden surgir antes y después de firmar. Algunas empresas sobreestiman las sinergias, infravaloran los costes de integración o pagan primas que absorben las mejoras previstas. Si varios compradores compiten por la misma compañía, la oferta puede subir todavía más. Es la llamada maldición del ganador: quien presenta el precio más alto puede ser también quien haya sobreestimado el valor de la operación (McKinsey & Company, 2017).

El caso de Schneider Electric y PTC

La compra de PTC anunciada por Schneider Electric el 5 de octubre de 2026 permite observarlo en una operación real. Schneider, multinacional francesa dedicada a la gestión energética y la automatización, acordó adquirir la estadounidense PTC, especializada en software industrial, por 22.600 millones de dólares. Ofreció 205 dólares por acción, una prima del 42,3% sobre la cotización previa (Schneider Electric & PTC, 2026).

Schneider espera obtener 250 millones de euros anuales de ahorro de costes y unos 800 millones en ingresos adicionales, que no equivalen a beneficios. La operación puede reforzar su negocio de software industrial, pero todavía tendrá que conseguir esas sinergias y afrontar los costes de integración y financiación (Schneider Electric & PTC, 2026).

El mercado reaccionó de forma desigual: las acciones de PTC subieron un 33,49% y las de Schneider cayeron un 9,97% en la jornada del anuncio (Amure, 2026). Esta reacción refleja las expectativas iniciales de los inversores; no demuestra cuál será la rentabilidad final de la adquisición.

Si la operación se completa en las condiciones anunciadas, los accionistas de PTC recibirán el precio pactado en efectivo. Los de Schneider asumirán el riesgo de convertir las sinergias previstas en resultados.

Quién realmente gana en una adquisición

La conclusión es bastante clara. En teoría, una adquisición se realiza para crear valor. En la práctica, el verdadero ganador no siempre es quien compra. Muy a menudo, quien gana primero y mejor es quien vende. Los accionistas de la empresa adquirida recibirán la prima si se completa la operación. Los de la compradora solo ganarán si, después, la empresa demuestra que pagó un precio razonable y que fue capaz de capturar el valor que prometió crear.

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