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El gigante de la aviación que nunca llegó a nacer

Un deal que prometía crear un gigante en el corazón de Madrid y que chocó con la política de competencia de la UE

Contexto

El sector aéreo es de los más feroces, competitivos y complicados principalmente, aunque no solo, por las enormes barreras de entrada tanto económicas como regulatorias, añadiendo también la poca o nula rentabilidad de la mayoría de las aerolíneas.

En este contexto, España cuenta con dos de las más sólidas aerolíneas de Europa, Iberia, del grupo International Airlines Group (a partir de ahora IAG) y Air Europa, del grupo Globalia. Ambas compañías, aun diferentes en origen y objetivo, serían responsables de alrededor de un 64% del tráfico de largo radio del aeropuerto de Madrid-Barajas según datos de Iberia de 2024 en caso de darse una hipotética fusión (El Independiente, 2024; Merca2, 2024).

Cronología del deal

En el año 2019 IAG dio los primeros pasos anunciando un preacuerdo de adquisición del 100% por un valor de 1.000 millones de euros con el objetivo de reforzar sus intereses, sobre todo, en Latinoamérica y el Caribe, una de las apuestas principales de Air Europa (Al Jazeera, 2019).

En este contexto sucede la mundialmente conocida pandemia de covid, en la que la industria aeronáutica en general y Air Europa en particular fueron sumamente castigadas por la pausa generalizada de la movilidad y el turismo. Durante lo más duro de la pandemia, la empresa reveló grandes pérdidas, siendo rescatada en 2020 con hasta 475 millones de euros por parte de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) (Deia, 2020).

Tras la crisis, la oferta inicial de IAG carecía de sentido al encontrarse Air Europa financieramente al borde de la inoperatividad, por lo que fue abandonada a finales de 2021. Como alternativa, en marzo de 2022 IAG anunció un préstamo convertible de 100 millones a Globalia, formalizado en junio de ese año, que en agosto de 2022 IAG ejerció convirtiéndolo directamente en un 20% de las acciones de Air Europa (El Español, 2022a, 2022b; Infobae, 2022).

Es en febrero de 2023 cuando IAG retoma las negociaciones para, por un precio mucho menor de compra (400 millones por el 80% restante del capital), hacerse con el control total de Air Europa. El proyecto, que podía denominarse una fusión horizontal (empresas del mismo sector y área de operaciones) de control exclusivo por parte del comprador, fue enviado a la Comisión Europea (Aviacionline, 2024). Tras las objeciones por parte de la Comisión, y con IAG ofreciendo la futura cesión del 40%, y finalmente de hasta el 52%, de los vuelos de Air Europa en 2023 (El Español, 2024; Menorca.info, 2024; The Corner, 2024), la retirada de la oferta era inminente y, así, en agosto de 2024 International Airlines Group se retiró definitivamente de la compra alegando que la decisión había sido tomada con base en la difícil situación del entorno regulatorio del momento. Esto supuso, por los contratos de preacuerdo, un break fee (comisión por ruptura de acuerdo) de 50 millones de euros (Euronews, 2024; Gulf News, 2024). Otros posibles postores como Air France-KLM o la alemana Lufthansa sobrevolaron la idea de entrar en el capital de Air Europa, siendo finalmente Turkish Airlines la última interesada (Malay Mail, 2025), que acabaría formando parte de la propiedad de la aerolínea con un 26% de las acciones, quedando el accionariado de la compañía de la siguiente manera (elEconomista, 2025; Forbes España, 2025):

  • Grupo Globalia (familia propietaria original) – 54%
  • IAG – 20%
  • Turkish Airlines – 26%

¿Y ahora qué?

Con la entrada del capital turco (alrededor de 300 millones de euros), IAG se encontraba en una encrucijada. Sin control efectivo de Air Europa y con un posible competidor como “socio” en el accionariado, las dudas de futuro se dispararon. No obstante, IAG decidió mantenerse firme y aguantar con un 20% hasta, incluso, acudir a una ampliación de capital con una aportación de 16 millones para no diluir su participación (El Español, 2025; Hosteltur, 2025). Luis Gallego, CEO de IAG, afirmó que la entrada de Turkish Airlines no alteraría su posición sobre Air Europa debido a su sentido estratégico (Preferente, 2025). Esto choca directamente con las declaraciones habituales del grupo clasificando la posición en Air Europa como puramente financiera y sin objetivo operacional (El Español, 2025). ¿Inversión estratégica o financiera? No queda claro.

Valor actual y opciones de futuro

Con la entrada de Turkish Airlines, la valoración previa usada para la entrada de IAG queda obsoleta. Como mencionábamos, la aerolínea turca desembolsó alrededor de 300 millones por el 26%, valorando el total de la compañía en unos 1.153 millones de euros (elEconomista, 2025). Recordemos que IAG era titular del 20% con un desembolso total de 166 millones, sumando el préstamo convertido en acciones (100M), la comisión de ruptura (50M) y la ampliación de capital (16M). La comisión de ruptura se pagó a Globalia por cancelar el acuerdo y no por las acciones, pero se incluye aquí como coste total del intento de adquisición. Con esta revalorización, la participación del grupo IAG rondaría los 230 millones (elEconomista, 2025), aumentando en 64 millones el valor de sus activos en el balance y haciendo la operación, financiera y teóricamente hablando, rentable.

Gráfico de barras: IAG ha puesto 166 millones de euros en Air Europa (100 del préstamo convertido en acciones, 50 de la comisión de ruptura y 16 de la ampliación de capital) y su 20 % vale unos 230 millones con la valoración implícita en la entrada de Turkish Airlines

Con esto en mente, IAG tendría varias posibilidades. En primer lugar, mantener su posición con el objetivo de establecer acuerdos operativos, sobre todo con Turkish. Pese a lo tentador que puede parecer, suena un poco irreal, sobre todo teniendo en cuenta que ambas compañías se encuentran en alianzas comerciales distintas siendo Oneworld para IAG y, con ella, todas las compañías del grupo, mientras que Turkish es parte de la legendaria Star Alliance. La opción más razonable parecería entonces liquidar la posición, pero, para eso, IAG debe encontrar un comprador que reconozca el aumento de valor de ese 20% que el grupo mantiene. Turkish podría estar interesada para, así, consolidar su posición en el accionariado e, hipotéticamente, evolucionar hasta tener el control operativo de Air Europa (véase Hispanidad, 2025). En cualquier caso, cabe la hipótesis de que Turkish no pagaría más del desembolso total previo de IAG, haciendo que la operación sea un fracaso, no solo estratégico sino también financiero.

Desde mi punto de vista, IAG debería liquidar su posición accionarial en Air Europa cuanto antes, ya sea renegociando con Turkish, sin perder el techo de los 200-230 millones por el 20%, o tratando de encontrar otros compradores como por ejemplo Lufthansa o Air France-KLM que ya estaban interesados al inicio de la operación. Ambas opciones parecen realmente complejas, pero es la única salida honrosa que IAG tiene, de lo contrario, se enfrentaría con mucha probabilidad a un escenario de desventaja en una compañía que no controla y con un férreo competidor como “socio”.

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