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WHOOP, el omnitrix del sueño

¿Alguna vez has tenido un smartwatch?

El Fitbit Classic o Fitbit Tracker, con un diseño distinto al que conocemos hoy en día, se puso en venta a finales de 2009 y cambió el mercado por su innovación y sus funcionalidades pioneras.

El Apple Watch Series 0, el original, se lanzó en abril de 2015 y rápidamente se convirtió en el producto más vendido del mundo.

¿Y hoy?¿Qué producto del mismo estilo está marcando tendencia?

Seguimos teniendo Fitbit, Apple Watch, Garmin, Oura y Samsung Galaxy Watch, entre otros, pero hubo uno que, tras años moviéndose entre las sombras desde su creación en 2012, empezó a acaparar titulares entre 2020 y 2021, y hoy lo podemos ver no solo en las muñecas de su mundo por excelencia, el deporte de alto rendimiento, sino también en las de nuestros vecinos y amigos.

WHOOP nació en 2012 porque Will Ahmed, atleta universitario en Harvard, quería entender si estaba entrenando bien, sobreentrenando o acercándose a una lesión.

Durante el último año de carrera de Ahmed, este fundó la compañía junto a John Capodilupo y Aurelian Nicolae, desarrollándola dentro de los Laboratorios de Innovación de Harvard.

Como atleta, Will Ahmed sabía que las necesidades de medición y de seguimiento para el alto rendimiento y los deportes no radicaban en notificaciones, mensajes, o vibraciones, sino que se fundamentaban en datos. WHOOP no nació para competir directamente con el smartwatch clásico, sino para cubrir un hueco: traducir datos corporales en decisiones. Estructuraron su propuesta alrededor del sueño, el strain (la carga fisiológica del día), recovery (el grado de preparación del cuerpo para rendir), estrés y guía personalizada, junto a las características técnicas que veían que faltaban en otros modelos como el uso 24/7 para la monitorización, el diseño minimalista sin pantalla y una batería duradera, con los modelos más recientes superando los 14 días.

Pero el camino no fue fácil. Desde su idea y creación de la empresa en 2012, el pequeño equipo de WHOOP pasó aproximadamente 3-4 años trabajando en el diseño y la optimización de su ansiado proyecto. Ese inicio se apoyó en cientos de estudios médicos, estudios sobre frecuencia cardiaca (HR), variabilidad de la frecuencia cardiaca (HRV), sueño y recuperación, y el incesante ciclo de prueba y error con diseños de sensores y un sistema capaz de entender la fisiología de forma continua.

En ese camino, WHOOP no puso el foco en el gran público, sino en los entornos donde su propuesta tenía más sentido: los círculos del alto rendimiento, donde el propio Will Ahmed había detectado esa necesidad. En julio de 2016 anunció su salida al mercado, pero lo hizo después de probar el sistema con atletas de élite; ya hablaba de 20 olímpicos entrenando con WHOOP de cara a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, y en noviembre de 2016 afirmaba estar trabajando con equipos de la NFL, la NBA, NHL, MLB, MLS y Premier League, además de atletas olímpicos y militares. En 2017 firmó un acuerdo pionero con la NFLPA para distribuir el strap a todos los jugadores actuales y entrantes, y ese mismo año reforzó su legitimidad con colaboraciones como el estudio con el Korey Stringer Institute en UConn y el uso del sistema por parte del equipo de baloncesto de Duke.

El salto al gran público, cuando los consumidores empezaban a reconocer esas peculiares pulseras, se produjo en 2018 y ya masivamente en 2020. En mayo de 2018 lanzó su modelo de suscripción, y ese mismo verano empezó a hacer algo muy potente: mostrar datos de atletas profesionales al público, como en la colaboración con el ciclista Lawson Craddock. Ese movimiento ayudó a convertir un producto de nicho en una marca aspiracional. Poco a poco, WHOOP comenzó a ganar terreno en el mercado global, mientras seguía expandiéndose dentro de su nicho. Y ahí llegó 2020: la NFLPA amplió el acuerdo y entregó WHOOP a todos los jugadores activos, la compañía empezó entonces a hablar también de monitorización de salud además de rendimiento.

Además, ese año la narrativa de WHOOP empezó a incorporar con más fuerza la monitorización de la salud. Ese cambio, que podía parecer sutil, favoreció una adopción mucho mayor y reforzó el apoyo de instituciones deportivas y académicas, porque WHOOP dejaba de ser solo una pulsera centrada en sueño y recuperación para convertirse en una plataforma capaz de generar datos de salud con valor práctico.

WHOOP ya se había consolidado. Primero convirtió una obsesión universitaria en una capa científica de producto. Después se validó en los entornos donde dormir mejor, recuperar mejor y entrenar con más precisión puede alargar carreras: olímpicos, universidades top, ligas profesionales y militares. Solo cuando ese lenguaje ya estaba probado en la élite, WHOOP empezó a salir del vestuario y a entrar en el mercado de consumo.

Entre los hitos más relevantes, pueden mencionarse los siguientes:

  • En 2021, CrossFit la nombró wearable oficial.

  • En el fútbol, Cristiano Ronaldo entró como embajador global e inversor en 2024.

  • En febrero de 2026, WHOOP firmó una alianza con Al Nassr para convertirse en su socio exclusivo en tecnología wearable aplicada al fitness, el rendimiento y la salud.

  • Incluso en el tenis el producto se hizo visible en la muñeca de Carlos Alcaraz, hasta el punto de generar polémica en el Australian Open de 2026.

  

La evolución de WHOOP no se explica solo por su adopción, sino también por su capacidad para levantar capital en sus distintas rondas de financiación.


En 2018 cerró una Serie C de 25 millones liderada por UAE71 Capital; en 2019 levantó 55 millones en una Serie D liderada por Foundry Group; en 2020 alcanzó el estatus de unicornio con una Serie E de 100 millones a una valoración de 1.2 mil millones; en 2021 llegó la Serie F de 200 millones a 3.6 mil millones; y en 2026 firmó la Serie G que la colocó en 10.1 mil millones. Más que una simple secuencia de rondas, lo que se observa es una empresa que fue ampliando su relato y su mercado potencial: de herramienta de rendimiento a plataforma de salud y longevidad.

En ese sentido, cada ronda no solo aportó financiación, sino que acompañó una ampliación de la propuesta de valor de la empresa y de la ambición de su proyecto.

Las rondas buscaban resolver las visiones que tenían Ahmed y su equipo, expandiendo y mejorando así a WHOOP con cada ampliación.

También importa quién se sienta hoy en esa mesa. En la última ronda aparecen nombres como Collaborative Fund, QIA, Mubadala, Abbott, Mayo Clinic, Macquarie Capital, además de atletas e inversores como Cristiano Ronaldo, LeBron James y Rory McIlroy. Esa mezcla dice mucho sobre cómo se percibe ya la empresa: un activo con presencia tanto en la élite deportiva como en el consumidor cotidiano, capaz de recoger grandes volúmenes de datos relevantes para los ámbitos del fitness y la salud.

Y ahí está probablemente la ambición real de WHOOP. El capital nuevo no se destina únicamente a vender más pulseras, sino a impulsar su expansión en Estados Unidos y en regiones como Europa, el Golfo, Latinoamérica y Asia, mientras intenta consolidarse como “the world’s leading personal health platform”. Hoy WHOOP quiere responder a una cuestión más amplia: cómo utilizar datos biométricos continuos para mejorar salud, rendimiento y longevidad, de ahí su énfasis reciente en métricas como la edad biológica y en indicadores cada vez más detallados de salud interna.

WHOOP nació para ayudar a atletas en su preparación y recuperación, pero con el tiempo ha evolucionado a querer ser el entrenador personal y coach en nuestros hombros para nuestra salud tanto actual como futura. WHOOP quiere ser ese Omnitrix del corazón, que nos permita evolucionar hacia nuestras mejores versiones.

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