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El efecto Vanguard

“In investing, you get what you don't pay for. Costs matter. “ - John C. Bogle

Para adentrarnos en esta historia, primero hay que definir varios conceptos para entender con qué se va a jugar:

Riesgo idiosincrático: riesgo específico de una empresa, sector o activo en concreto. Malas gestiones, huelgas, problemas legales, escándalos, etc.

Riesgo sistemático: sinónimo de riesgo de mercado. Aquel riesgo que afecta a todo el mercado, la incertidumbre del contexto geopolítico, el estado macroeconómico con la inflación, las tasas de interés, etc.

Si uno ha leído algo de finanzas o tiene un pequeño conocimiento, sabrá que la palabra y/o definición que tiene que venir a continuación es diversificación, porque mediante la diversificación un inversor reduce su exposición concentrada a un sector, activo o industria concreta…. Y ahí es donde entra la historia de Vanguard y John C. Bogle.

En el contexto de su nacimiento, la industria financiera estaba dominada por estrategias de stock picking con altos costes, algo que mordía lenta pero incesantemente a los pequeños inversores. Eran esos costes de mantenimiento, que parecían pequeños con un promedio del 0,73%, y esos costes de suscripción más suculentos de un 8% en promedio, los que arañaban la cartera del inversor particular. Unas termitas silenciosas que dejaban al inversor desprotegido y sin posibilidad de elección. He ahí cuando entró Vanguard y el querido Bogle.

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Source: Yahoo! Finance

Vanguard Group fundada por John C. Bogle en 1975 en Pensilvania, hoy en día el segundo gestor de activos del mundo con $9 billones de dólares bajo gestión, revolucionó la industria por dos razones:

  1. Su particular estructura de propiedad.

  2. El Santo Grial: El foco en los fondos indexados de bajo costo con su política de no-load.

Su estructura de propiedad es reconocida y aplaudida en el mundo entero por permitir a sus inversores ser dueños de la propia empresa. Vanguard es propiedad de sus fondos y, a su vez, los fondos son propiedad de los inversores. Esta estructura permite que se alineen incentivos y no haya conflictos, permitiendo así reducir costes, otra de las herramientas que han permitido a Vanguard posicionarse así. Sus clientes son sus accionistas. Por lo que una mayor parte de los ingresos generados por las inversiones permanece en manos de las personas que invierten.

Bogle quiso resolver la falta de democratización del acceso a la inversión y los altos costes que esta implicaba para el inversor.

En 1976 Vanguard lanzó el First Index Investment Trust, hoy conocido como Vanguard 500 Index Fund, un fondo indexado que, como dice su nombre, indexaba al S&P500, es decir, las 500 empresas más grandes de EEUU por capitalización de mercado, y aquí entran los dos riesgos del principio junto a la brillante idea de Bogle. Es importante destacar que la propuesta en su momento fue ridiculizada por simplemente ser “mediocridad garantizada”, pero esa supuesta mediocridad terminó cambiando la industria, definiendo la inversión pasiva, y demostrando el poder de la diversificación de la mano del tiempo. Bogle quitó a su vez los loads que otros gestores obligaban a los inversores a pagar para utilizar su servicio, facilitando así aún más al inversor particular la inversión.

Mediante un fondo indexado con bajos costes, un inversor puede reducir su exposición al riesgo idiosincrático a través de la diversificación al no concentrar todo en una sola empresa y/o sector.

Bogle provocó desde entonces lo que se conoce como el “Efecto Vanguard”: un cambio estructural en la industria que benefició no solo a los clientes de Vanguard, sino también al inversor medio, incluso aunque nunca comprara un solo producto de la firma.

1) La guerra de precios que cambió la industria

El primer impacto fue competitivo: si alguien puede ofrecer “el mercado” a muy bajo coste, el resto tiene que reaccionar. Desde 1975 hasta 2025, el ratio de gastos de Vanguard ha caído drásticamente del 0,68% al 0,06%, mientras que la industria pasó de 0,73% a 0,39% en el mismo periodo. Ese efecto de bajada de costes ha provocado el ahorro de miles de millones en costes y comisiones, siguiendo así la filosofía de Bogle de ayudar al inversor particular y democratizar el mercado.


2) En relación con lo anterior: democratización de la inversión

Antes del indexado barato, diversificar bien era caro y muchas veces inaccesible para el inversor pequeño. Con un fondo indexado, un ahorrador puede comprar exposición a cientos (o miles) de empresas en una sola posición, reduciendo el riesgo idiosincrático sin necesidad de “adivinar” ganadores.

Bogle convirtió una idea que era casi académica en un producto sencillo y replicable.

3) Disciplina contra el “market timing

El tercer impacto es menos visible pero igual de importante: el indexado fomenta un comportamiento más estable. Si tu estrategia es “capturar el mercado” a bajo coste, el incentivo es aportar periódicamente, mantener y rebalancear, en lugar de perseguir modas o intentar entrar y salir.

4) Del “stock picking” al diseño de carteras

Del “stock picking” en 1975 a una conversación actual de qué está compuesta tu cartera. Los fondos indexados de renta variable junto a los posteriores de renta fija con los bonos, los ETFs y los actuales de Commodities, han permitido un cambio de mentalidad centrada en el horizonte de tiempo del inversor, su tolerancia al riesgo e incluso su afección por ciertos activos.


5) “No-load” y caída de fricciones de distribución

Además de la comisión anual, Bogle atacó otra gran fuga de rentabilidad: las fricciones de distribución. En las últimas décadas, la industria ha girado hacia fondos sin load: la ICI documenta que el descenso de comisiones y el cambio hacia fondos sin load ha sido una tendencia de largo recorrido, con una parte creciente de ventas concentrándose en productos “no-load”.


6) Un benchmark, es decir, algo contra lo que medir y reaccionar

Bogle nos dio algo contra lo que medirnos, algo contra lo que demostrarnos ya sea mediante la gestión activa o pasiva nuestra calidad de decisiones y gestión de activos.

El uso de los fondos indexados como benchmark en el mundo de las inversiones se ha utilizado tanto que uno no puede pasar ni dos minutos en internet sin ver o leer una mención hacia este tipo de productos, habiéndose convertido así en parte de nuestra educación financiera, nuestra visión a largo plazo y nuestro mínimo como inversor.

Batir al mercado es básicamente batir a un índice, y eso nos lo enseñó Bogle a través de Vanguard y su filosofía.

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