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La última de Hollywood

La última de Hollywood.

La historia de los Lakers siempre fue una historia de familia. Pasión y legado. Desde que Jerry Buss compró la franquicia en 1979, el equipo de Los Ángeles consiguió el equilibrio perfecto entre espectáculo y éxito. Pero esa historia cambió esta semana. La NBA ha aprobado la venta de la franquicia a Mark Walter, propietario de los Dodgers y socio del Chelsea, por 10.000 millones de dólares. La cifra más alta jamás pagada por una franquicia deportiva. Mark quiere hacerse con el control de Los Ángeles y devolver a la gloria a un equipo apagado desde 2020. Los Lakers dejan de ser una herencia familiar para convertirse en un activo dentro del portfolio global de Guggenheim Partners, el grupo que Walter preside y que gestiona más de 300.000 millones en inversiones. El deporte, una vez más, se convierte en el máximo exponente del negocio.

Jeanie Buss, heredera del legado de su padre, conservará un 15% de participación y seguirá como gobernadora del equipo durante cinco años. Pero la esencia cambia. El equipo ahora forma parte de una estrategia de diversificación: el mismo dueño tiene bajo control a los Dodgers en la MLB, bicampeones de las series mundiales, las Sparks en la WNBA y se mantiene vinculado con la Fórmula 1 a través de Cadillac.

En el fondo, la operación tiene la misma lógica que un gran fichaje. Una apuesta amortizable, una proyección de rendimiento futuro. En este caso, el activo no es una franquicia completa. Su valor depende de los derechos televisivos, el valor inmobiliario del Cripto.com Arena y la potencia de la marca "Lakers".

El grupo de Walter apuesta a que los Lakers seguirán siendo relevantes cuando LeBron o Luka ya no estén, cuando el brillo del Hollywood deportivo tenga que reinventarse otra vez. Aunque ya han demostrado que esto es así. Si aciertan, su inversión se multiplicará. No parece una operación arriesgada, pero quién sabe.

Los Ángeles se consolida como una de las capitales mundiales del deporte. Campeones de la MLB, mundial de fútbol en la ciudad, Luka Doncic, dos franquicias de Fútbol Americano... No solo hay que ganar partidos, también hay que dominar un ecosistema de entretenimiento que va mucho más allá del deporte. El deporte profesional se ha fusionado con la economía de la atención.

El deporte se parece cada vez más a un mercado financiero. Las franquicias que cotizan, se refinancian y se venden. Y sin embargo, en medio de todo ese ruido, hay algo que sigue resistiendo: el vínculo. Ese instante en el que un niño va por primera vez al estadio y se enamora de un equipo para siempre. Eso no se compra.

Jerry Buss solía decir que el éxito de los Lakers era “hacer sonreír a la gente”. Mark Walter ha comprado hoy esa sonrisa. Habrá que ver si consigue que se mantenga en la cara de ese niño.

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