ÚLTIMA HORA
Cargando cotizaciones en vivo…
← Volver

Nvidia corta el cable

Cuando pensamos en el futuro de la inteligencia artificial, a todos se nos viene la misma idea a la cabeza: chips más potentes. Pero ¿y si el mayor cuello de botella de la IA no fuera la potencia de los chips, sino el cable que los une?

Nvidia ya va un paso por delante y, por eso, acaba de poner en producción una tecnología que sustituye el cobre por luz para mover los datos entre GPUs. No es un experimento de laboratorio ni una idea futurista, sino que ya es la base de sus plataformas de red más avanzadas.

Lo que hace interesante este movimiento no es solo la tecnología en sí, sino a quién arrastra con ella. Nvidia no está compitiendo únicamente por vender más GPUs; está intentando controlar también las “tuberías” que las conectan, y para ello ha convertido a fabricantes de componentes ópticos en piezas clave de la cadena de valor de la IA.

El límite físico que nadie quería aceptar

Para tener un poco más de contexto, las GPUs (Graphics Processing Unit) son los chips que procesan los cálculos de la inteligencia artificial. Cuantas más tengas trabajando a la vez, más rápido entrenas y ejecutas un modelo.

Durante años, la trayectoria de la IA se ha medido en número de GPUs y en potencia de cálculo. Pero entrenar modelos cada vez más grandes exige algo menos intuitivo a primera vista; que miles de esas GPUs se comuniquen entre sí a toda velocidad, constantemente. Y ahí es donde el cobre empieza a fallar, ya que de poco sirve tener miles de ellas si no pueden hablar entre sí con la suficiente rapidez.

Cuanto más rápido intentas mover datos por un cable de cobre, más calor generas y más energía se pierde por el camino, en forma de resistencia eléctrica. Dicho de forma sencilla, es como si en una carretera estrecha quisieras meter más coches de los que caben. Al final, se forma un atasco y cada coche avanza menos. Por no hablar de la gasolina que gastan sin apenas moverse.

El problema no es solo técnico, es también energético. Según la Agencia Internacional de la Energía, los centros de datos podrían consumir en 2030 alrededor de 945 teravatios-hora al año. Para que os hagáis una idea, esa cifra es comparable al consumo eléctrico total de un país como Japón. Y mientras el cobre siga siendo la única opción, la factura energética no tiene más remedio que subir.

La solución: mover datos con fotones, no con electrones

La apuesta de Nvidia consiste en sustituir la señal eléctrica por pulsos de luz para transportar la información entre GPUs. El cobre usa electrones; la luz, fotones. Y ahí está la clave; los electrones chocan entre sí y con el propio material por el que viajan, lo que genera calor y frena la señal. Los fotones, en cambio, viajan en paralelo sin estorbarse.

Hay tres razones por las que esto cambia las reglas del juego.

La primera es la eficiencia energética. Los fotones no tienen carga eléctrica, así que no generan calor mientras viajan por la fibra. El cobre, en cambio, puede perder hasta un 40% de la energía que intenta transmitir solo por el roce de los electrones contra el propio cable.

La segunda es la densidad de datos. Por una sola guía de onda, más fina que un pelo, pueden viajar simultáneamente decenas de canales de información, cada uno codificado en una frecuencia de luz distinta. Es parecido a la radio; puedes tener decenas de emisoras sonando a la vez en el mismo aire, cada una en su propia frecuencia, sin que se mezclen ni se pisen entre sí. Con el cobre, intentar algo así provoca las conocidas interferencias entre señales, algo parecido a que varias emisoras se solaparan en la misma frecuencia. ¿El resultado? En vez de escuchar una con claridad, acabarías oyendo un ruido confuso de todas mezcladas.

Con luz, en cambio, no hay de qué preocuparse; cada “frecuencia” viaja por su propio carril sin chocar con las demás.

La tercera es la velocidad. Los nuevos switches fotónicos de Nvidia, presentados bajo los nombres Spectrum-X Photonics y Quantum-X Photonics, alcanzan 1,6 terabits por segundo por puerto. Para que os hagáis una idea de la magnitud: eso equivale a mover el contenido completo de varias plataformas de streaming en cuestión de segundos, de forma continua y multiplicado por cada uno de los miles de puertos de un centro de datos.

Comparación entre mover datos por cobre y por luz en energía, densidad y velocidad, y capacidad total por switch: 51,2 terabits por segundo en Broadcom frente a 400 en Nvidia Spectrum-X Photonics

Fuente: Finance Generation, a partir de las cifras citadas en el artículo.

De la teoría a la realidad

Esto ya no es una idea futurista. Nvidia ha confirmado que estos switches fotónicos forman parte de su infraestructura de red actual, pensada para que más de 10.000 GPUs puedan comunicarse entre sí sin que ninguna tenga que esperar su turno. Además, ha respaldado la apuesta con miles de millones de dólares invertidos en proveedores como Corning, Coherent y Lumentum para asegurarse el suministro de componentes ópticos.

España tampoco se ha quedado fuera. El Gobierno ha adjudicado 62,1 millones de euros al ICFO (Instituto de Ciencias Fotónicas), la Universidad Politécnica de Valencia, el Centro Nacional de Microelectrónica y la Universidad de Vigo para investigar y fabricar chips fotónicos, dentro de un programa europeo de fotónica. Por si fuera poco, gracias a la financiación de la Comisión Europea, que iguala la aportación española, la iniciativa movilizará en total 124,2 millones de euros.

Por qué es importante

El mercado ya le ha puesto precio a esta apuesta. Cuando Nvidia confirmó sus inversiones de 2.000 millones de dólares en Lumentum y otros 2.000 millones en Coherent, las acciones de ambas subieron el mismo día. Lumentum, que fabrica los láseres y componentes ópticos que alimentan estos centros de datos, ha llegado a revalorizarse más de un 1.000% en el último año, en gran parte gracias a su papel como proveedor clave de Nvidia. Coherent, por otro lado, encadenó trimestres de ingresos récord incluso antes de que se cerrara el acuerdo, lo que nos indica la fuerte demanda.

Aunque todo parezca ir a favor de Nvidia, no es la única jugando esta partida. Broadcom, su gran rival en chips personalizados, lleva años desarrollando sus propios switches ópticos, con una capacidad total de 51,2 terabits por segundo por switch; muy por debajo de los 400 terabits por segundo que promete Nvidia con sus switches Spectrum-X Photonics. Marvell tampoco se queda atrás, ha invertido miles de millones en compras como Celestial AI y ha firmado con Nvidia un acuerdo de colaboración en fotónica de silicio, aunque siguen compitiendo cara a cara en otros frentes del negocio.

Y esa es, en definitiva, la verdadera batalla: el crecimiento de la IA ya no depende solo de fabricar chips más potentes, sino de quién resuelve antes cómo comunicarlos entre sí. En esa carrera silenciosa por la infraestructura, la luz ha dejado de ser una curiosidad de laboratorio para convertirse en la apuesta que puede decidir quién sigue creciendo y quién se queda sin margen.

Compartir
Recibe lo mejor de FG en tu correo