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La IA frente a la consultoría: ¿amenaza estructural o miedo exagerado?

El mercado seguirá cotizando la duda antes que el balance

Booz Allen Hamilton ha llegado a perder cerca de la mitad de su valor en bolsa en un año. Accenture sufrió en junio de 2026 la mayor caída en un solo día desde su salida a bolsa, de casi el 18%. McKinsey, la firma que durante décadas ha dicho a otras empresas a quién despedir, estudia ahora, según Bloomberg, recortar en torno al 10% de sus funciones de apoyo, unos pocos miles de puestos. El diagnóstico del mercado es contundente bajo el argumento de que una IA agencial puede sustituir buena parte del trabajo que hoy factura la consultoría por horas, y las empresas se plantearán si contratar estos servicios o dejarlos en manos de una IA. Pero conviene separar el titular del balance. Hay argumentos serios en ambos lados, y merece la pena exponerlos antes de concluir nada. También conviene recordar que no todas las caídas se explican por la IA, ya que por ejemplo en Booz Allen pesan sobre todo las cancelaciones de contratos federales y la debilidad de su segmento civil, y en Accenture influyeron otros factores que veremos más adelante.

El caso de la amenaza real

El argumento más citado es estructural, no coyuntural. El modelo de negocio de la consultoría se sostiene en una estructura de pirámide basada en muchos analistas junior facturando horas baratas bajo pocos socios. Si una herramienta de IA hace en dos días lo que antes requería un equipo de cuatro analistas durante dos semanas, como ha admitido un socio senior de McKinsey al Financial Times, esa pirámide deja de tener sentido económico. Además, cada vez más ofertas de entrada en consultoría y finanzas exigen competencia en IA.

Los números empiezan a reflejarlo, aunque con matices. McKinsey ha pasado de un pico de unos 45.000 empleados en 2022 a unos 40.000 y, según Bloomberg, estudia recortar en torno a un 10% de sus funciones sin contacto con el cliente a lo largo de 18 a 24 meses. Su máximo responsable, Bob Sternfels, describe un modelo en el que los roles con cliente crecen en torno a un 25% mientras los roles sin cliente se reducen en una proporción similar. BCG, en cambio, cerró 2025 con 33.500 empleados, más que un año antes. En Accenture, lo que hundió la acción en junio no fue solo el crecimiento, ya que las nuevas reservas de contratos cayeron un 2% en dólares (un 3% en moneda local). Las reservas son el indicador que mejor anticipa la demanda futura y esa caída se puede interpretar como una desaceleración, y la compañía además recortó su guidance de crecimiento anual al 3%-4% en moneda local.

El contraargumento: por qué podría ser un pánico exagerado

Frente a esto, los datos de negocio siguen sin confirmar el colapso. Accenture creció un 6% en ingresos (3% en moneda local) y un 9% en beneficio por acción en su último trimestre. Capgemini elevó su guidance de crecimiento anual al 8,5%-9% a moneda constante, tras un semestre con ingresos un 11,3% superiores a moneda constante (8,8% en términos reportados), aunque conviene matizar que las adquisiciones aportan cerca de cinco puntos de ese crecimiento y que el BPA normalizado cayó un 11,9%. En IBM, la IA generativa ya supera el 30% del backlog de consultoría, aunque los ingresos de consultoría se mantienen planos. En Infosys, los ingresos de IA pasaron del 5,5% del total en el trimestre de diciembre de 2025 al 8,2% en el de junio de 2026, a pesar de que la compañía recortó su guidance de ingresos anual al 1,5%-3%.

En estos casos, la parte del negocio ligada a la IA crece mucho más rápido que el negocio tradicional. Es decir, la IA también genera proyectos nuevos y mejora el cómo: limpiar datos, modernizar aplicaciones antiguas o rediseñar procesos que siguen necesitando manos humanas.

El foso de estas compañías (relaciones de cliente de décadas, prestigio, cumplimiento normativo, datos propietarios) no se replica con un prompt, algo muy distinto de crear una simple interfaz. Y la valoración ya recoge buena parte del miedo, como se pudo observar cuando Accenture cotizaba en julio a un PER forward en torno a 8,8 veces, muy por debajo de su media histórica, y UBS mantuvo su recomendación de compra con un objetivo de 275 dólares (desde 320). Diamond Hill y Artisan Value han calificado la caída de sobrerreacción, recordando que un efecto realmente estructural tardaría años en manifestarse por completo. Aun así, la acción ha rebotado desde los mínimos de junio (unos 128 dólares) hasta cerca de 184, así que parte del descuento ya se ha cerrado.

Como contraparte a la tesis del mercado sobre que la IA va a eliminar el modelo de negocio de las consultoras, coexiste también la tesis de que, a pesar de la IA, las empresas todavía no van a dejar que un modelo cuyo funcionamiento interno desconocen tome decisiones que pueden suponer millones de euros en sus negocios, sino que van a seguir contratando a esa consultora que saben cómo trabaja, conocen al socio y, en caso de que la recomendación sea luego equivocada, tienen a alguien a quien señalar como culpable, y no a un simple LLM.

Un matiz importante sobre Accenture es que la caída de junio no se explica solo por la IA. La compañía citó un impacto de unos 100 millones por Oriente Medio, contratos de servicios gestionados aplazados a 2027 y la debilidad de la consultoría federal en EE. UU., y además anunció adquisiciones por unos 4.180 millones de dólares.

Dos gráficos enfrentados: a la izquierda, la caída máxima del máximo al mínimo de 52 semanas de IBM (-40,1%), Infosys (-43,1%), Capgemini (-44,1%), Booz Allen Hamilton (-45,5%), Cognizant (-57,4%) y Accenture (-59,4%); a la derecha, el PER mínimo de 2026 frente al actual de esas mismas compañías

Fuente: cotizaciones y ratios de Google Finance, MarketBeat, Investing.com, Robinhood, GuruFocus, Tickertape y Boursorama (datos del 21 al 23 de septiembre de 2026). PER actual = precio / BPA de los últimos 12 meses (Capgemini: PER estimado 2026). PER mínimo = mínimo de 52 semanas / mismo BPA (aproximación).

Tesis sobre lo que puede ocurrir en las MBB

En las MBB, el cambio puede ser más profundo que una simple reducción de plantilla, debido a que la IA puede romper la lógica de la pirámide y sustituirla por una estructura mucho más plana, en la que el valor se concentre en socios y perfiles capaces de dirigir agentes de IA. Me centro en McKinsey y BCG por ser las que más información pública ofrecen, pero la lógica es extensible a Bain.

Hay señales concretas. BCG afirmó en 2025 que casi el 90% de sus 33.000 empleados usa IA y que alrededor de la mitad lo hace a diario, y que había incorporado expectativas de uso de IA a los criterios con los que evalúa a sus consultores. McKinsey, por su parte, describe cómo la automatización de la investigación y el análisis preliminar puede eliminar parte del trabajo con el que los juniors adquirían experiencia. En un artículo de este verano recoge la dinámica que directivos de Microsoft resumen como «contratar seniors, automatizar juniors», aunque su recomendación es la contraria: seguir contratando perfiles junior y hacer de su formación un objetivo explícito.

De ahí surge una posible paradoja, y es que las MBB podrían necesitar menos personas por cada euro de ingresos, pero cobrar más por proyecto si convierten la productividad en resultados de mayor valor. BCG ya trabaja así en sus grandes proyectos de IA y, en estos proyectos, tres cuartas partes de sus mayores casos tienen honorarios variables, aunque en el conjunto de su actividad este tipo de contratos sigue siendo bastante menos de un tercio. En McKinsey, alrededor de una cuarta parte de los honorarios ya procede de acuerdos basados en resultados.

Conviene, con todo, no adelantar conclusiones. El CEO de BCG, Christoph Schweizer, afirma que acabaron 2025 con más empleados que al empezar, que siguen contratando con relativa normalidad y que no han reducido su entrada de juniors. Además, el año pasado recibieron 1,7 millones de solicitudes, de las que acaba entrando menos del 1%: solicitudes y tasas de aceptación muy similares a las de McKinsey y Bain.

En McKinsey, los recortes se concentran en funciones sin cliente mientras los roles con cliente crecen en torno a un 25%. Por eso la variable realmente importante en los próximos años no será únicamente el número de empleados, sino el ingreso por consultor y, sobre todo, el número de juniors necesarios para sostener a cada socio. Si esa ratio cae de forma estructural mientras los ingresos por empleado aumentan, estaríamos ante algo mucho más importante que una ola de despidos, ya que en ese momento el modelo económico de las MBB habría cambiado.

No pretendo decir que la IA vaya a ser el fin de las MBB, ni mucho menos. Si se reduce la contratación de juniors, dentro de unos años faltarán seniors formados por las propias empresas, y esos son mucho más difíciles de reemplazar, porque combinan la labor técnica y especializada con una labor humana y de comunicación fundamental. Lo que quiero señalar es que la IA puede cambiar la forma de facturar, de trabajar y de contratar de las MBB, y que eso puede dejar fuera a muchas personas: no por falta de capacidad, sino porque estas firmas necesitarán menos perfiles de entrada y más perfiles capaces de dirigir la tecnología. Bain indicó en un comunicado oficial que el negocio ligado a tecnología e IA ya supone el 30% de su actividad en 2024 y espera que llegue a la mitad en los próximos años.

Qué inclina la balanza

Ninguno de los dos argumentos es una fantasía. La amenaza es real porque golpea el corazón del modelo de negocio, que es, como ya hemos comentado antes, la pirámide de analistas junior que pierde sentido económico cuando una IA hace en días lo que antes ocupaba a un equipo durante semanas, y eso ya se nota en la contratación y en las reservas de contratos. Pero el pánico también puede estar exagerado, porque de momento los ingresos del sector siguen creciendo y la IA abre tanto trabajo nuevo (limpiar datos, rediseñar procesos, desplegar la propia IA) como cierra el antiguo. Además, no todas las caídas bursátiles son atribuibles a la IA: también entran factores como los contratos federales, los tipos de interés y la geopolítica, que también pesan.

La señal que de verdad separará un escenario del otro no es el crecimiento de hoy, sino la trayectoria de las reservas trimestre a trimestre y si el gasto en reestructuración se traduce en mejoras reales de margen a partir de 2027. El próximo dato llegará pronto: Accenture presenta sus resultados del cuarto trimestre, así que habrá que ver cómo han ido los resultados. Hasta entonces, el mercado seguirá cotizando la duda antes que el balance. Nada de lo anterior constituye una recomendación de inversión.

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