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Anatomía de una ineficiencia

¿Y si te dijera que el patrón de inversión más rentable de los últimos veinte años no lo descubrió ningún genio de las finanzas, sino cualquiera con acceso a un calendario público?

Nos cuesta creer en lo sencillo: cuanto más complicada suena una estrategia de inversión, más nos convencemos de que merece funcionar, como si el esfuerzo garantizara el resultado. Nos imaginamos a un gestor brillante detectando la próxima Nvidia antes que nadie. Pero la realidad es, a veces, mucho más aburrida.

Entre 1994 y 2011, bastaba con mirar cuándo se reunía la Reserva Federal para que el mercado trabajara a tu favor.

El juego de suma cero

Para entender por qué esto resultó tan llamativo, primero hay que comprender lo raro que es ganar al mercado de forma consistente.

Existen dos tipos de gestión: la activa y la pasiva. La gestión activa consiste en intentar superar la rentabilidad media del mercado, ya sea eligiendo mejor las acciones o acertando con el momento de entrada y salida. El problema es que todos los inversores compiten por la misma información y, en cuanto alguien detecta que un activo está mal valorado, empieza a comprarlo y ese mismo movimiento corrige el precio hasta dejarlo en su valor justo.

Imagina una tarta que se reparte entre todos los que la han comprado. Si sumas todos los trozos y los divides entre el número de personas que han comprado la tarta, el resultado tiene que ser sí o sí el tamaño medio de un trozo de esa tarta. No hay forma de que, entre todos, se lleven más tarta de la que hay. Pues con el mercado pasa lo mismo: todos los inversores juntos son el mercado, así que es imposible que todos se lleven la tarta entera a la vez.

Ahora que entendemos lo difícil que es obtener un beneficio, podemos comprender mejor cómo durante casi 17 años parecía un error del sistema que hubiera un patrón que sí que fuera realmente rentable.

Una anomalía en el calendario

Ocho veces al año, el Comité Federal de Mercado Abierto (Federal Open Market Committee, FOMC por sus siglas en inglés) se reúne para decidir la política monetaria de Estados Unidos y anuncia su decisión sobre los tipos de interés. Estos anuncios mueven mercados por dos motivos. El primero es obvio: cambian las expectativas sobre cómo va a ir la economía. El segundo es menos intuitivo, pero igual de importante. Cuando la Fed sube o baja los tipos, cambia lo que vale hoy el dinero que una empresa va a ganar en el futuro.

Es como si tuvieras que decidir cuánto pagarías ahora por recibir 100€ dentro de cinco años. Cuando los tipos son altos, esperar sale caro, ya que con ese mismo dinero en el banco ya estarías ganando intereses sin arriesgar nada, así que pagarías menos por la promesa. Si los tipos bajan, ese dinero futuro se vuelve más atractivo en comparación y estarías dispuesto a pagar más por él hoy. A eso se le llama «descontar» el valor futuro y es exactamente lo que hacen los inversores con los beneficios futuros de las empresas cada vez que cambian los tipos de interés.

Lo lógico sería pensar que, como esas reuniones están programadas con meses de antelación, el mercado ya habría incorporado cualquier expectativa razonable en el precio mucho antes del anuncio. Pero entre 1994 y 2011 pasó algo que no encajaba con esa lógica. El S&P 500 subía de forma sistemática en las 24 horas previas a cada anuncio, incluso antes de que nadie supiera qué iba a decir la Fed.

De media, esa subida fue de 49 puntos básicos, es decir, un 0,49%. Puede sonar poco, pero representó más del 80% de la prima de riesgo de la bolsa en ese periodo de 17 años. A este fenómeno se le llamó pre-FOMC drift.

David Lucca y Emanuel Moench, economistas de la Reserva Federal de Nueva York, fueron quienes documentaron el fenómeno por primera vez. Según su investigación, las subidas registradas en esa ventana de 24 horas eran muy superiores a cualquier movimiento observado fuera de ella, hasta el punto de que ningún otro anuncio macroeconómico en EE. UU. generaba un patrón parecido.

Para hacerte una idea de la magnitud, si hubieras invertido 10.000€ replicando esta estrategia las ocho veces al año, reinvirtiendo cada vez, durante los 17 años que duró el patrón, tu dinero se habría convertido en unos 19.400€, casi el doble, sin haber estado expuesto al mercado más que unas horas al año.

Sin modelos ni analistas

Lo más llamativo no es solo que el patrón existiera, sino lo poco sofisticado que era sacarle partido. La estrategia consistía en comprar el S&P 500 el día antes del anuncio y venderlo a las 14:00 del día del anuncio, justo cuando el FOMC hacía pública su decisión. No hacía falta adivinar qué iba a decir la Fed ni analizar ninguna empresa. Solo había que mirar el calendario de reuniones, que es público, y operar en consecuencia.

El efecto de ser descubierto

Si esto suena demasiado fácil para ser verdad, es porque, con el tiempo, dejó de serlo.

Fueron tres factores principalmente los que acabaron con el patrón. El primero, los costes de transacción, que reducían el beneficio real de la estrategia. El segundo, la propia ejecución: entrar y salir en el momento exacto añadía su propio riesgo. El tercero, y definitivo, su publicación. Se estudió en papers académicos y, en cuanto suficientes inversores empezaron a posicionarse de la misma manera, el propio efecto se fue desplazando hasta desaparecer. A partir de 2015, el pre-FOMC drift, tal y como se conocía, dejó de observarse.

Es la paradoja de cualquier anomalía del mercado: en el momento en que deja de ser un secreto, deja de ser rentable.

El valor de llegar antes

El caso del pre-FOMC drift es un resumen perfecto de por qué la gestión activa es tan complicada. Durante 17 años existió una ineficiencia real, medible y explotable. Pero en cuanto se identificó y se hizo pública, el propio mercado se encargó de corregirla. Como sabemos, los precios son rápidos en reflejar la información disponible.

Las ineficiencias de mercado existen, pero rara vez sobreviven al momento en que se hacen públicas.

La verdadera pregunta que deja este artículo no es si existen ineficiencias en el mercado, porque está claro que durante un tiempo las hubo. La pregunta es si alguien es capaz de encontrarlas, explotarlas y salir antes de que el resto del mercado haga exactamente lo mismo. Y esa carrera, a diferencia del patrón que la originó, no ha desaparecido.

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