ÚLTIMA HORA
Cargando cotizaciones en vivo…
← Volver

Foto: ADEA

Crecer sin perder la identidad: el modelo de Meliá entre la marca y el balance

La expansión solo crea valor cuando mantiene la rentabilidad, protege los activos intangibles y no obliga a sacrificar la resiliencia financiera

La coherencia no aparece en la cuenta de resultados, pero termina llegando a ella

El pasado 30 de septiembre, ADEA —la Asociación de Directivos y Ejecutivos de Aragón— celebró en Zaragoza una nueva edición de su Foro ADEA, con Gabriel Escarrer, presidente y CEO de Meliá Hotels International, como ponente principal. Durante su intervención, una palabra apareció de forma recurrente: “coherencia”. No como una consigna de comunicación, sino como una idea de gestión: una compañía puede cambiar de marcas, entrar en países nuevos, modificar su estructura o crecer a gran velocidad, pero debe conservar una relación clara entre lo que dice que quiere ser y las decisiones que toma para conseguirlo.

Para una empresa cotizada, esa relación se puede leer también en su cuenta de resultados, en su deuda, en la inversión por proyecto y en los activos que decide proteger. Más allá de las particularidades del sector hotelero, el planteamiento resulta aplicable a cualquier compañía que trate de expandirse sin deteriorar su rentabilidad, su propuesta de valor o su identidad.

El mensaje es relevante porque Meliá no está defendiendo la inmovilidad. La compañía cerró 2025 con 51 hoteles firmados y 28 aperturas; para 2026 esperaba abrir al menos otros 30. A la vez, su presidente señaló en Zaragoza que el ritmo de apertura —en torno a 40 establecimientos al año— debe ser “lo justo, lo rentable, sin perder el alma de la compañía”. La tesis no es que el crecimiento sea incompatible con la identidad, sino que una expansión que no preserve rentabilidad, calidad y cultura acaba debilitando los propios activos que la hacen posible.

La expansión rentable depende de dónde se coloca el capital

El caso de Meliá ilustra bien una distinción que se pierde con frecuencia al hablar de crecimiento: aumentar ingresos, activos o presencia internacional no equivale necesariamente a crear valor. Para ello, cada euro destinado a una nueva apertura, una reforma, una adquisición o una marca tiene que generar un retorno suficientemente alto frente al coste de financiarlo y frente a las alternativas disponibles.

En 2025, la empresa reportó ingresos de 2.077,5 millones de euros sin plusvalías, un 3,2% más que el año anterior; un EBITDA sin plusvalías de 544,7 millones, un 2,1% superior; y un beneficio neto consolidado de 200,2 millones, un 23,6% más. La comparación deja un matiz relevante: los ingresos crecieron más que el EBITDA, señal de que, incluso en un entorno favorable de demanda, la disciplina de costes y la mezcla de negocio siguen siendo determinantes. La fortaleza de una empresa no está solo en vender más, sino en convertir una proporción suficiente de esas ventas en beneficio y caja. La generación de caja operativa de Meliá alcanzó 200 millones de euros en 2025. Esa cifra importa porque una empresa puede declarar beneficios y, aun así, necesitar deuda o ampliaciones de capital si su negocio consume demasiados recursos. La caja es la que permite financiar reformas, reducir endeudamiento, atender vencimientos y mantener capacidad de inversión cuando el ciclo deja de ayudar. En un sector sensible al turismo, a la coyuntura y a acontecimientos geopolíticos, esa flexibilidad es más valiosa que una expansión medida solo por el número de hoteles.

El modelo asset light: menos ladrillo, más marca y gestión

La forma de crecer también condiciona el riesgo financiero. Meliá ha acelerado un modelo que denomina “asset-light”: una combinación de activos seleccionados en propiedad con expansión mediante gestión, franquicia, alquileres y alianzas. A cierre de 2025, el 87% de sus habitaciones operaba bajo fórmulas asset light. En términos sencillos, la empresa intenta aumentar su presencia sin tener que comprar o construir cada hotel que incorpora a su red. El atractivo es evidente. Menos inversión inmobiliaria por apertura puede mejorar la eficiencia del capital, diversificar el riesgo y liberar recursos para aquello que la empresa considera más estratégico: marcas, distribución, tecnología, programas de fidelización y conocimiento operativo. El negocio de gestión fue precisamente una de las áreas de mayor crecimiento en 2025: sus ingresos agregados alcanzaron 562,9 millones de euros, un 11,9% más que el año anterior, mientras que los ingresos agregados de hoteles en propiedad y alquiler crecieron un 3,8%. Pero el modelo no es una solución automática. Renunciar a poseer el activo físico reduce intensidad de capital, aunque incrementa la necesidad de que la marca conserve poder de atracción y de que la gestión sea consistente. Si el cliente percibe que un establecimiento gestionado no ofrece la experiencia asociada a la marca, el activo que se deteriora no es el edificio: es la reputación. Y esa reputación es difícil de registrar contablemente, pero muy fácil de perder si la calidad se dispersa al crecer.

El valor de los intangibles y la venta directa

Precisamente por eso, los intangibles ocupan un lugar central en esta estrategia. Una marca capaz de generar confianza puede sostener precios, atraer propietarios y facilitar la entrada en mercados nuevos. Un programa de fidelización puede aumentar los ingresos recurrentes, mejorar el conocimiento del cliente y reducir la dependencia de intermediarios. Y una red de distribución propia puede proteger el margen si evita que una parte excesiva de la reserva quede en manos de terceros.

Meliá informó de que sus canales directos representaban cerca de la mitad de las ventas centralizadas al cierre de 2025 y que su programa Meliá Rewards se aproximaba a 19 millones de miembros. No son solo cifras comerciales: son indicadores de cuánto control mantiene la empresa sobre su relación con el cliente. Cuanto mayor sea ese control, mayor puede ser su capacidad para personalizar la oferta, reducir costes de intermediación y defender su rentabilidad en un mercado con gran presión competitiva. La contrapartida es que los intangibles exigen inversión continua. Tecnología, ciberseguridad, datos, atención al cliente, formación y marketing no producen un hotel nuevo visible en una fotografía, pero sí pueden condicionar la ocupación, el precio medio y la fidelidad. Para un inversor o un directivo, la pregunta útil no es si una empresa “tiene marca”, sino si está invirtiendo lo necesario para que esa marca conserve relevancia y capacidad de monetización.

Costes, deuda y resiliencia: el límite de una buena historia de crecimiento

Una estrategia de expansión solo es sostenible si el balance puede soportarla. Meliá terminó 2025 con deuda financiera neta de 2.200,9 millones de euros y una ratio de deuda financiera neta sobre EBITDA ligeramente inferior a 2,2 veces; excluyendo arrendamientos, la deuda neta fue de 778,6 millones. Tras el cierre del ejercicio, la compañía formalizó un préstamo sindicado de 800 millones para extender vencimientos y simplificar su estructura financiera, sin aumentar el endeudamiento total. Estas cifras no prueban por sí solas que el riesgo sea bajo o alto: dependen de la estabilidad del EBITDA, de los tipos de interés, de la evolución de la demanda y del calendario de vencimientos. Sí muestran, sin embargo, por qué la prudencia financiera forma parte de la estrategia. Cuando una empresa tiene que dedicar demasiada caja a intereses, amortizaciones o inversiones obligatorias, pierde libertad para aprovechar oportunidades o resistir una caída del mercado.

Además, la eficiencia no consiste en recortar cualquier partida de gasto. Meliá señaló que el aumento de los costes operativos estuvo ligado, entre otros factores, a la incorporación de nuevos hoteles bajo el perímetro de propiedad y alquiler; también destacó un programa de eficiencia orientado a proteger el crecimiento rentable. La cuestión para cualquier empresa es distinguir entre costes que no aportan valor y gastos que sostienen la propuesta al cliente. Reducir lo primero fortalece los márgenes; reducir lo segundo puede deteriorar ingresos futuros.

Talento y gobierno corporativo: costes visibles, valor menos visible

El Foro ADEA también dejó una reflexión que puede parecer alejada del análisis financiero, pero no lo está. Escarrer situó el talento como “el mayor reto” y habló de la necesidad de “enamorar al empleado”. Meliá cuenta con cerca de 48.000 trabajadores, según lo expuesto durante el encuentro. En una actividad de servicios, la experiencia del cliente depende en buena medida de personas que toman decisiones, resuelven incidencias y representan la marca en miles de interacciones diarias. La rotación elevada no es solo un problema de recursos humanos: implica costes de selección y formación, pérdida de conocimiento y una ejecución menos homogénea. En sentido contrario, una plantilla estable y preparada puede contribuir a productividad, calidad, venta cruzada y reputación. Por eso, la cultura empresarial no debe medirse por una declaración de valores, sino por la forma en que se selecciona, desarrolla, remunera y promociona a las personas.

En empresas familiares que han alcanzado escala internacional, esta cuestión se conecta con el gobierno corporativo. Profesionalizar la compañía no exige abandonar su legado, sino establecer reglas claras entre propiedad, consejo y gestión. El objetivo es evitar que la identidad dependa de una sola persona y lograr que el proyecto sobreviva a los ciclos, los cambios generacionales y las decisiones difíciles de asignación de capital.

Qué habría que vigilar a partir de ahora

La empresa llega a 2026 desde una posición operativa favorable: el RevPAR de toda la cartera creció un 5,4% en 2025, impulsado por un incremento del 3% en la tarifa media, y la compañía esperaba crecimiento de RevPAR de un dígito bajo o medio para el año siguiente. Sin embargo, el turismo es un negocio cíclico y expuesto a variables que no controla por completo: conectividad aérea, tipos de interés, evolución del consumo, inflación, tipo de cambio y riesgos geopolíticos. Por eso, las señales más útiles no serán solo cuántos hoteles firma Meliá ni cuántas habitaciones añade. Habrá que seguir si el peso del modelo de gestión se traduce en mejora real de la rentabilidad y de la generación de caja; si la deuda permanece en niveles compatibles con una posible normalización de la demanda; si el crecimiento de los canales directos protege el margen; y si las inversiones de reposicionamiento permiten aumentar precios sin perder ocupación.

La lección que deja el caso es aplicable mucho más allá de la hotelería. Una empresa puede tener una marca reconocida, un mercado en expansión y una narrativa atractiva. Pero su creación de valor dependerá, en última instancia, de si alinea crecimiento, costes, financiación, talento y asignación de capital. La coherencia no aparece como una partida independiente en el balance, pero acaba reflejándose en casi todas las demás.

Fuentes: intervención de Gabriel Escarrer, presidente y CEO de Meliá Hotels International, en el Foro ADEA celebrado en Zaragoza el 30 de septiembre de 2026, a la que asistió el autor; resultados anuales 2025 de Meliá Hotels International; informe financiero anual 2025 remitido a la CNMV; e información publicada por Aragón Digital.

Este texto es un análisis de carácter informativo y formativo. No constituye una recomendación de compra, venta o mantenimiento de valores ni asesoramiento financiero personalizado.

Compartir
Recibe lo mejor de FG en tu correo