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Corporate Banking

UniCredit y Commerzbank: el precio de crear un gigante bancario europeo

Las fusiones bancarias en Europa llevan más de una década siendo una asignatura pendiente y el foco se ve hoy en Fráncfort. Andrea Orcel, consejero delegado del grupo italiano UniCredit, se ha propuesto tomar el control de Commerzbank, el segundo mayor banco de Alemania, motor financiero de sus empresas y referente del sector en el continente. La operación daría a Europa un gigante europeo con activos cercanos a los 1,4 billones de euros, aunque de momento topa con el rechazo tanto de la cúpula de la entidad germana como del Gobierno en Berlín. Superar los obstáculos regulatorios y políticos es solo el primer paso; ¿será capaz UniCredit de exprimir suficiente valor de la operación para compensar el desembolso, cumplir las sinergias prometidas y asumir los riesgos de integración?

De 2024 a 2026: cómo UniCredit se empezó a hacer con el control

En septiembre de 2024, el Gobierno alemán puso a la venta un 4,49 % de su participación en Commerzbank, que todavía mantenía desde el rescate de 2008. Esta fue comprada íntegramente por UniCredit, que además desveló que había adquirido otro 4,5 % en el mercado, alcanzando así casi el 9 % del capital. Posteriormente, recurrió a derivados financieros para seguir aumentando su exposición sin adquirir directamente las acciones ni sus derechos de voto, llegando aproximadamente al 28 % en diciembre. En marzo de 2025, el BCE autorizó a UniCredit a elevar su participación directa hasta el 29,9 %.

El 16 de marzo de 2026, UniCredit anunció una OPA mediante un canje de acciones, ofreciendo 0,485 acciones propias por cada título de Commerzbank, lo que equivalía entonces a unos 30,80 € por acción. Sin embargo, el 18 de mayo el consejo de Commerzbank rechazó la oferta, al considerar que el precio era insuficiente y que las sinergias previstas no estaban suficientemente justificadas.

Finalmente, el 8 de julio UniCredit anunció que un 17,60 % adicional del capital había acudido a la OPA, elevando su posición potencial hasta el 47,59 %, aunque parte de esas acciones seguían pendientes de entrega. El 15 de octubre llegó la autorización del BCE para superar el 30 %, quedando todavía pendientes otras aprobaciones y condiciones regulatorias antes de poder ejercer el control.

Infografía «La escalada de UniCredit en Commerzbank (2024 – 2026)»: cinco gráficos de anillo con el reparto del capital de Commerzbank (antes de septiembre de 2024, en septiembre de 2024, en diciembre de 2024, en julio de 2026 y en el escenario previsto para finales de 2026, con UniCredit en el 49,6 % de los derechos de voto) y, debajo, la cronología de la operación.

El precio de la adquisición: ¿dónde está la prima de control?

Cuando se publicó oficialmente la OPA en mayo, la oferta equivalía a 31,07 euros por acción, mientras que las acciones de Commerzbank cotizaban a 34,02 euros. Es decir, UniCredit estaba ofreciendo un 8,7 % menos de lo que valían en bolsa. Aunque el canje de acciones no había cambiado, su valor dependía de cómo evolucionara la cotización de UniCredit en relación con la de Commerzbank.

Aquí entra en juego la prima de control, que es el sobreprecio que normalmente se paga por hacerse con el control de una empresa. En este caso, Commerzbank considera que la oferta no refleja su verdadero potencial y apuesta por seguir creciendo de forma independiente con su plan Momentum 2030. Por su parte, UniCredit defiende que la cotización de Commerzbank ya está por encima de lo que justifican sus resultados y que el banco necesita una transformación para mejorar su rentabilidad.

El descuento que presentaba la oferta en mayo deja una pregunta bastante clara: ¿qué ganan los accionistas de Commerzbank aceptando el canje? Si confían en que el banco puede mejorar sus resultados por su cuenta, tienen pocos incentivos para vender. Para aceptar tendrían que pensar que UniCredit puede sacar más partido al negocio y que eso se reflejará en el valor de sus acciones. El problema es que, de momento, la oferta les pide confiar en esa mejora sin ofrecer una prima de control atractiva.

Las sinergias: por qué la operación podría tener sentido financiero

UniCredit ya tiene una presencia importante en Alemania a través de HypoVereinsbank (HVB), por lo que la compra de Commerzbank le permitiría reforzar su posición en un mercado que ya conoce. Uno de los principales atractivos es la relación de Commerzbank con el Mittelstand, las medianas empresas alemanas. UniCredit podría aprovechar esta cartera de clientes para ofrecerles más servicios de financiación, coberturas y acceso a los mercados internacionales.

En cuanto a los costes, UniCredit presentó en abril su plan Commerzbank Unlocked, con el que calculaba conseguir unos ahorros anuales de 1.300 millones de euros para 2028 respecto a las previsiones del mercado. Estos vendrían principalmente de reducir gastos administrativos, simplificar estructuras y mejorar procesos mediante tecnología. Además, una futura integración con HVB permitiría eliminar funciones duplicadas y conseguir ahorros adicionales.

Según sus estimaciones, estas medidas permitirían reducir el Cost-to-Income de Commerzbank hasta cerca del 40 % y elevar su rentabilidad sobre el capital tangible (RoTE) por encima del 19 % en 2028. Eso sí, para poner en marcha el plan haría falta una inversión acumulada de unos 1.700 millones de euros.

Pero conseguir esos ahorros no será tan sencillo. UniCredit tendría que reorganizar procesos, asumir costes de reestructuración y evitar que parte de los clientes corporativos se marchen. Commerzbank, de hecho, considera que el banco italiano está infravalorando esos riesgos. Y aquí está una de las principales dudas de la operación: no es lo mismo anunciar 1.300 millones de ahorro al año que conseguirlos sin perder negocio por el camino.

¿Vale más Commerzbank independiente o bajo el control de UniCredit?

Por su cuenta, Commerzbank espera alcanzar un beneficio de 5.900 millones de euros en 2030, con un RoTE del 21 % y un Cost-to-Income del 43 %. Para conseguirlo, su plan Momentum 2030 apuesta por aumentar los ingresos procedentes del crédito y las comisiones, aprovechar el crecimiento de mBank y seguir invirtiendo en tecnología. Los resultados de 2026 muestran avances en esta dirección, aunque cumplir estos objetivos dependerá de que consiga controlar los gastos y aumentar los ingresos sin asumir demasiados riesgos.

Por otro lado, UniCredit estima que Commerzbank podría alcanzar unos 6.000 millones de beneficio y un RoTE cercano al 23 % en 2030. A primera vista, la diferencia no parece muy grande, pero hay que tener en cuenta que las previsiones de UniCredit son anteriores a Momentum 2030 y parten de supuestos distintos. Algo parecido ocurre con el Cost-to-Income: el 43 % previsto por Commerzbank incluye contribuciones obligatorias que, si se excluyen, reducirían la ratio al 41 %, frente al 37 % que calcula UniCredit.

Donde realmente aparecen las diferencias es en el coste de llevar a cabo esa transformación. UniCredit prevé perder unos 650 millones de euros de ingresos anuales al reducir los activos ponderados por riesgo, mientras que Commerzbank eleva esa cifra por encima de los 1.000 millones. También discrepan en la inversión necesaria: UniCredit calcula unos 3.400 millones de euros acumulados antes de impuestos, frente a los más de 4.200 millones que estima Commerzbank.

Además, muchas de las mejoras que plantea UniCredit, como digitalizar procesos o reducir gastos, también podría realizarlas Commerzbank por su cuenta. La principal ventaja de una adquisición estaría en integrar ambos bancos y eliminar duplicidades con HVB, aunque esto llevaría tiempo y podría provocar la pérdida de algunos clientes.

Ya no se trata solo de ver qué banco presenta mejores previsiones para 2030, sino de saber qué parte de esa mejora necesita realmente una adquisición. Si Commerzbank puede conseguir buena parte de los resultados por su cuenta, UniCredit tendría que justificar cuánto valor adicional aportaría la integración con HVB y si sería suficiente para compensar los costes y la posible pérdida de clientes.

Alemania se resiste: política, regulación y soberanía bancaria

La oposición alemana a la operación no responde únicamente a motivos económicos, sino también políticos. Commerzbank tiene un papel importante en la financiación del Mittelstand, las medianas empresas alemanas, y es una entidad relevante para el empleo y la economía de Fráncfort. Su consejera delegada, Bettina Orlopp, ha advertido de los riesgos de una posible reestructuración, mientras que el ministro Lars Klingbeil insiste en que deben protegerse los puestos de trabajo, la financiación a las empresas y la sede del banco. Aun así, desde septiembre el Gobierno alemán ha pasado de rechazar la operación a mostrarse dispuesto a negociar ciertas garantías.

Alemania todavía conserva alrededor del 13,3 % de Commerzbank, una participación que mantiene desde el rescate financiero de 2008-2009. Aunque el Gobierno tiene intereses tanto como accionista como por el peso del banco en la economía, su oposición no significa que pueda bloquear legalmente la operación.

En cuanto a los reguladores, a 27 de octubre el BCE ya había autorizado a UniCredit a superar el 30 % del capital y aumentar su participación sin límite, tras analizar la operación desde el punto de vista prudencial. Sin embargo, todavía faltaba la aprobación de la Comisión Europea, encargada de estudiar sus efectos sobre la competencia, cuyo plazo inicial terminaba el 16 de noviembre. Además, esta autorización no supone que una futura fusión con HVB esté automáticamente aprobada.

La operación también abre un debate más amplio sobre el sector bancario europeo. Mientras bancos estadounidenses como JPMorgan o Goldman Sachs operan a gran escala, Europa sigue teniendo un mercado bastante fragmentado. Una mayor concentración permitiría reducir costes y ganar tamaño, aunque eso no garantiza una mayor competitividad.

Alemania tiene razones para exigir garantías sobre el empleo, la financiación a sus empresas y la competencia. Otra cosa es rechazar la operación simplemente porque el comprador es italiano. Si Europa quiere un sector bancario más integrado, resulta difícil defender que una adquisición entre dos bancos europeos deba encontrar más obstáculos por una cuestión de nacionalidad que por sus efectos económicos.

El último paso

A 28 de octubre, el 16 de noviembre seguía siendo la fecha prevista para que la Comisión Europea se pronunciara sobre la operación desde el punto de vista de la competencia. Bruselas podría aprobarla, exigir ciertas condiciones o abrir una investigación más detallada. En cualquier caso, recibir su autorización sería un paso importante, pero no significaría que la adquisición estuviera completada.

Si se cumplen las condiciones pendientes y UniCredit recibe las acciones de la OPA y las relacionadas con sus derivados, podría llegar a controlar aproximadamente el 49,65 % de los derechos de voto de Commerzbank. El Estado alemán mantendría alrededor del 13,3 % del capital y el resto seguiría en manos de otros accionistas. Por tanto, no estaríamos hablando de una compra del 100 %, aunque esa participación podría ser suficiente para controlar muchas decisiones ordinarias, dependiendo de cuántos accionistas acudieran a las juntas. Para aprobar una fusión, en cambio, se necesitaría, como regla general, el respaldo del 75 % del capital representado.

A partir de ahí, UniCredit tendría varias opciones. Podría mantener Commerzbank como un banco independiente bajo su control o intentar una integración más profunda con HVB. Sin embargo, también podría encontrarse con retrasos por la oposición de accionistas minoritarios, las exigencias regulatorias o los costes de la integración.

También importa cuánto tarde UniCredit en conseguir los ahorros. Si tiene que asumir los costes de integración desde el principio, pero los beneficios llegan más tarde de lo previsto, la rentabilidad de la operación se reduce. Por eso, alcanzar el 49,65 % de los derechos de voto no resolvería todas las dudas. UniCredit estaría más cerca de controlar Commerzbank, pero todavía tendría que demostrar que comprarlo genera más valor que dejarlo crecer por su cuenta.

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