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El lunes 14 de septiembre, el Nasdaq 100 llegó a caer un 1,8% intradía. SoftBank se dejó un 11% en Tokio. El Kospi surcoreano cerró con un -3,3%. ASML perdió más de un 6% en Europa. Y el S&P 500 cerró el día con un modesto -0,48%.

Nos concentramos mucho en los titulares, cuando detrás de estos es donde está la verdadera trama.

El sábado 12 de septiembre, Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó un ensayo titulado We Must Pace the Frontier, pidiendo a la industria ralentizar deliberadamente el ritmo al que mejora las capacidades de sus modelos, no por freno de demanda, sino por seguridad. El motivo que cita no es abstracto: días antes, un enjambre de agentes de OpenAI había atacado sin autorización su propio sistema de evaluación, en un incidente conjunto con Hugging Face, algo que Amodei lee como advertencia de que sistemas más capaces y mal alineados podrían causar daños serios en los próximos 6 a 12 meses. Horas después, Sam Altman y Elon Musk se sumaron públicamente a la idea.

El mercado reaccionó a la noticia como una muestra clara de desaceleración, alimentado por el miedo consensuado a que esto termine en un crash, buscando que cada prueba se convierta en confirmación de sus propios temores.

En enero de 2025 pasó algo parecido con DeepSeek: un desarrollo aislado, la lectura más bajista extendida a toda la cadena de IA, y una venta masiva que en retrospectiva fue una de las mejores oportunidades de compra del ciclo. La Casa Blanca tampoco tardó en restar importancia al aviso de Amodei, Trump calificó los riesgos de exagerados, la misma semana en que presiona a la Fed para bajar tipos.

Mientras el mercado digería el susto, otro dato pasaba con menos ruido del que merecía: según una investigación de The Information publicada el 6 de septiembre, Anthropic ha comprometido hasta 517.000 millones de dólares en capacidad de computación a lo largo de los últimos once meses, casi tres veces los 180.000 millones que la propia compañía había proyectado invertir hasta 2029.

El dinero está repartido en contratos concretos: cerca de 200.000 millones a cinco años con Google y Broadcom, más de 100.000 millones con AWS para el proyecto Rainier, 50.000 millones con Fluidstack y 45.000 millones con SpaceX, además de acuerdos adicionales con Nscale, Lambda, Nvidia, Riot Platforms y Akamai. En total, 14,8 gigavatios de capacidad nueva, entre diez y quince veces lo que la compañía operaba hace un año.

Ahí está el contrapunto al miedo del lunes: el mismo fin de semana en que su CEO pedía frenar el desarrollo de capacidades por seguridad, su propia compañía llevaba meses firmando el mayor compromiso de infraestructura de la historia de la industria de IA, y Amodei es explícito en que pacing no significa parar de construir. La diferencia con lo que entendemos del mensaje del CEO de Anthropic es que, a pesar de querer ralentizar el avance de sus modelos, lleva meses atado a inversiones y proyectos que no hacen más que acelerar estos mismos.

El backlog combinado de la industria ronda ya los 2 billones de dólares, y el capex conjunto de Microsoft, Meta, Google y Amazon pasó de 413.000 millones en 2025 a una proyección de 1,29 billones para 2028, según Morgan Stanley. El backlog y el capex son cifras distintas, uno mide compromisos a futuro y el otro el gasto real de este año, pero las dos apuntan a que la construcción sigue sin frenarse.

Debido a que el capex de IA no se ha frenado, alguien tiene que producir la electricidad para alimentarlo, y ahí está el movimiento más interesante de todo este ciclo: mientras el mercado discutía sobre chips y modelos, el dinero empezó a rotar hacia infraestructura eléctrica.

El 8 de septiembre, el Departamento de Energía de Estados Unidos cerró un préstamo de 1.900 millones de dólares a NextEra Energy para reactivar la planta nuclear de Duane Arnold, en Iowa, que llevaba cerrada seis años. El proyecto está respaldado por un acuerdo de compra de energía a 25 años con Google, que usará la producción para alimentar su infraestructura de nube e IA en el Medio Oeste. La reactivación se espera para el primer trimestre de 2029.

No es el único caso: Entergy prevé invertir 41.000 millones entre 2026 y 2029 en generación para centros de datos, incluido un proyecto de Meta de 10.000 millones en Luisiana, y Xcel Energy ya negocia demanda similar en Texas, Colorado, Wisconsin y Minnesota. Según Morningstar, la demanda eléctrica de los centros de datos en Estados Unidos se triplicará entre 2024 y 2030.

Debido a que la IA necesita compute y el compute necesita energía para funcionar, quien tenga el poder sobre la energía, tiene poder sobre el futuro.

Hay un gráfico que circula esta semana y que merece más atención de la que está recibiendo: la correlación realizada a 6 meses del S&P 500 ha caído a mínimos de 25 años. Los valores ganadores de la IA suben, las utilities empiezan a despertar, la energía se mueve por su cuenta. De primeras parece que solo los verdaderos líderes de cada sector son los que se mueven, pero detrás de esto está la otra cara de la moneda.

Correlación realizada a 6 meses del S&P 500 entre 2000 y 2026, con mínimos señalados en febrero de 2007, enero de 2018 y septiembre de 2026

Fuente: Finance Generation, estimación ilustrativa a partir de datos de mercado.

Hay una lectura menos cómoda, sin embargo: las dos últimas veces que la correlación tocó niveles similares, febrero de 2007 y enero de 2018, precedieron a dos de los episodios de estrés de mercado más conocidos de las últimas dos décadas. En ambos casos, la correlación baja no impidió el golpe, simplemente no avisó de cuándo llegaría, y cuando llegó se disparó de golpe y todo cayó a la vez, justo cuando el mercado parecía más tranquilo. Un análisis paralelo de dispersión de opciones (DSPX) apunta en la misma dirección: el riesgo actual está concentrado en semiconductores y tecnología cara, no repartido de forma sana por el índice, algo que una correlación baja, por definición, tiende a esconder.

Y la Fed cerró el círculo esta semana. A las 20:00h del miércoles, el Comité Federal de Mercado Abierto votó, por unanimidad (12-0), subir el tipo de referencia un cuarto de punto, hasta el rango de 3,75%-4%. Es la primera subida desde 2023, y llega bajo la presidencia de Kevin Warsh, el mismo hombre que Trump colocó en la Fed esperando que bajara tipos y que en su lugar acaba de presidir la primera subida en tres años, con el respaldo de un comité que en julio todavía estaba dividido 9 a 3.

Esa unanimidad importa más que el cuarto de punto en sí, porque un voto dividido habría contado una historia de incertidumbre y presión política sin resolver, mientras que un 12-0 cuenta otra: con el IPC subyacente todavía por encima del objetivo y el índice preferido de la Fed en 3,7%, la inflación ha dejado de ser un debate interno. Con la subida de tipos de interés, el dinero es más caro, y aún más con el consenso de la Fed detrás.

Los 517.000 millones que Anthropic ha comprometido en compute, como buena parte del capex de la industria, no se financian con caja generada hoy, se financian a crédito, en vehículos especiales y acuerdos a década vista. Cada subida de tipos encarece ese crédito, y todo esto ocurre con la correlación del S&P 500 en mínimos de 25 años, el escenario que, según el patrón de 2007 y 2018, es el más frágil ante un golpe sistémico.

Hay una distinción de los mercados de crédito que rara vez se aplica bien a la narrativa de la IA: solvencia y liquidez. La diferencia entre una empresa insolvente y una ilíquida es que una no tiene ninguna manera de pagar mientras que la otra depende de los créditos de los bancos que aún creen en estas empresas y les permiten financiarse hasta que se vuelvan rentables. Nadie serio piensa hoy que Anthropic, OpenAI u otras son insolventes. La verdadera duda es: ¿llegarán los ingresos a estas empresas que aún forman parte del sector privado, camino a una OPV que algún día tendrá que justificar 517.000 millones con números auditados, antes de que el coste del dinero se coma su margen de maniobra?

Este artículo tiene fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.

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